Y aconteció que Samuel el Lamanita profetizó muchísimas otras cosas que no pueden escribirse.
Y les dijo: He aquí, os doy una señal; porque han de pasar cinco años más y, he aquí, entonces viene el Hijo de Dios para redimir a todos los que crean en su nombre. Y he aquí, esto os daré por señal al tiempo de su venida: porque he aquí, habrá grandes luces en el cielo, de modo que no habrá obscuridad en la noche anterior a su venida, al grado de que a los hombres les parecerá que es de día. Por tanto, habrá un día y una noche y un día, como si fuera un solo día y no hubiera noche; y esto os será por señal; porque os percataréis de la salida del sol y también de su puesta; por tanto, sabrán de seguro que habrá dos días y una noche; sin embargo, no se obscurecerá la noche; y será la noche antes que él nazca.
Y he aquí, aparecerá una estrella nueva, tal como nunca habéis visto; y esto también os será por señal. Y he aquí, esto no es todo, habrá muchas señales y prodigios en el cielo. Y acontecerá que os llenaréis de asombro y admiración, a tal grado que caeréis al suelo. Y sucederá que el que creyere en el Hijo de Dios, tendrá vida sempiterna.
Y he aquí, así me ha mandado el Señor, por medio de su ángel, que viniera y os dijera esto; sí, me ha mandado que os profetizara estas cosas; sí, me ha dicho:
Clama a este pueblo: Arrepentíos, y preparad la vía del Señor.
Y ahora bien, porque soy lamanita, y os he hablado las palabras que el Señor me ha mandado, y porque fue duro para vosotros, os enojáis conmigo, y tratáis de destruirme, y me habéis echado de entre vosotros.
Y oiréis mis palabras, pues para este propósito me he subido a las murallas de esta ciudad, a fin de que oigáis y sepáis de los juicios de Dios que os esperan por causa de vuestras iniquidades, y también para que conozcáis las condiciones del arrepentimiento; y también para que sepáis de la venida de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre del cielo y de la tierra, el Creador de todas las cosas desde el principio; y para que sepáis acerca de las señales de su venida, con objeto de que creáis en su nombre. Y si creéis en su nombre, os arrepentiréis de todos vuestros pecados, para que de ese modo logréis una remisión de ellos por medio de los méritos de él.