Moroni y Teáncum en el Frente Oriental

Último sacrificio de Teáncum

Alma 62:30–31

Moroni se traslada de la Ciudad de Nefíah a Lehi; los lamanitas que ocupan Lehi abandonan temerosamente la ciudad.

Y ahora bien, aconteció que después que hubo ocupado la ciudad de Nefíah —habiendo tomado muchos prisioneros, lo cual redujo apreciablemente los ejércitos de los lamanitas, y habiendo rescatado a muchos nefitas que habían sido prisioneros, cosa que reforzó considerablemente su ejército— Moroni partió de la tierra de Nefíah para la tierra de Lehi. Y acaeció que cuando vieron los lamanitas que Moroni marchaba contra ellos, nuevamente se atemorizaron y huyeron ante el ejército de Moroni.

Alma 62:32–33

Los Lamanitas son perseguidos por Moroni de ciudad en ciudad hasta que llegan a la costa tierra de Moroni; todos los Lamanitas supervivientes se reúnen allí, incluyendo a Amorón.

Y sucedió que Moroni y su ejército los persiguieron de ciudad en ciudad, hasta que se encontraron con Lehi y Teáncum; y los lamanitas huyeron de Lehi y Teáncum por las tierras cerca de las orillas del mar, hasta que llegaron a la tierra de Moroni. Y los ejércitos de los lamanitas se habían reunido todos, de modo que se hallaban en un solo grupo en la tierra de Moroni; y Ammorón, el rey de los lamanitas, estaba también con ellos.

Alma 62:34–35

Los nefitas tienen rodeados a los lamanitas; ambos ejércitos descansan por la noche, estando muy cansados—excepto por Teáncum, quien está muy enojado con Ammarón y Amalickíah por ser los instigadores de esta terrible guerra.

Y aconteció que Moroni y Lehi y Teáncum acamparon con sus ejércitos en los alrededores de las fronteras de la tierra de Moroni, de modo que los lamanitas quedaron rodeados en la frontera por el desierto al sur, y en la frontera por el desierto al este. Y así acamparon durante la noche. Pues he aquí, los nefitas, y los lamanitas también, se hallaban fatigados por motivo de la extensa marcha; por tanto, no intentaron ninguna estratagema durante la noche, excepto Teáncum; porque estaba irritado en extremo en contra de Ammorón, al punto de que él consideraba que Ammorón y su hermano Amalickíah habían sido la causa de aquella grande y larga guerra entre ellos y los lamanitas, la cual había sido el motivo de tantas batallas y efusión de sangre, sí, y de tanta hambre.

Alma 62:36

Teáncum abandona su campamento y escala los muros de la ciudad donde los lamanitas dormían.

Y sucedió que Teáncum, en su ira, entró en el campo de los lamanitas, y se descolgó de las murallas de la ciudad.

Alma 62:36

Teáncum se desplaza sigilosamente de un lugar a otro hasta encontrar el sitio donde está durmiendo Ammorón.

Y fue de sitio en sitio, con una cuerda, de modo que halló al rey…

Alma 62:36

Teáncum lanza una jabalina en el pecho de Ammorón.

...y le arrojó una jabalina que lo hirió cerca del corazón. Pero he aquí, el rey despertó a sus siervos antes de morir, por lo que persiguieron a Teáncum y lo mataron.

Alma 62:36

Ammorón hace un último sonido antes de morir—sus sirvientes se despiertan, atrapan a Teáncum y lo matan.

Pero he aquí, el rey despertó a sus siervos antes de morir, por lo que persiguieron a Teáncum y lo mataron.

Alma 62:37

Cuando Moroni se entera de la muerte de Teáncum, queda desconsolado.

Y sucedió que cuando Lehi y Moroni supieron que Teáncum había muerto, se afligieron en extremo; porque he aquí, había sido un hombre que había luchado valerosamente por su patria, sí, un verdadero amigo de la libertad; y había padecido muchísimas aflicciones sumamente graves. Mas he aquí, había muerto, y había seguido el camino de toda la tierra.

Alma 62:38

Las tropas de Moroni avanzan sobre los lamanitas, matándolos sin misericordia; los lamanitas supervivientes escapan permanentemente fuera de Zarahemla, Tierra de.

Y ocurrió que a la mañana siguiente, Moroni avanzó y cayó sobre los lamanitas, a tal grado que los hirieron con gran estrago; y los arrojaron de la tierra; y los lamanitas huyeron, así que no volvieron contra los nefitas en esa época.

Alma 62:39–41

La enorme guerra entre los nefitas y los lamanitas finalmente parece haber terminado.

Y así llegó a su fin el año treinta y uno del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi; y así habían tenido guerras, y efusión de sangre, y hambre, y aflicción por el espacio de muchos años. Y había habido asesinatos, y contenciones, y disensiones, y toda clase de iniquidades entre el pueblo de Nefi; no obstante, por el bien de los justos, sí, a causa de las oraciones de los justos, fueron preservados.

Mas he aquí, por motivo de la sumamente larga continuación de la guerra entre los nefitas y los lamanitas, muchos se habían vuelto insensibles por motivo de la extremadamente larga duración de la guerra; y muchos se ablandaron a causa de sus aflicciones, al grado de que se humillaron delante de Dios con la más profunda humildad.