Y sucedió que mientras Moroni así se estaba preparando para ir a la batalla contra los lamanitas, he aquí, el pueblo de Nefíah, que se había congregado de la ciudad de Moroni, de la ciudad de Lehi y de la ciudad de Moriantón, fue acometido por los lamanitas. Sí, incluso los que habían sido obligados a huir de la tierra de Manti y de las regiones inmediatas habían llegado y se habían unido a los lamanitas en esta parte de la tierra. Así que, siendo sumamente numerosos, y llegándoles refuerzos día tras día, avanzaron contra el pueblo de Nefíah, por órdenes de Ammorón, y empezaron a matarlos con extremada mortandad. Y eran tan numerosos sus ejércitos, que el resto del pueblo de Nefíah se vio obligado a huir delante de ellos; y llegaron y se unieron al ejército de Moroni.
Ahora bien, como Moroni había supuesto que mandarían hombres a la ciudad de Nefíah para ayudar al pueblo a retener esa ciudad, y sabiendo que era más fácil impedir que la ciudad cayese en manos de los lamanitas que volvérsela a quitar, pensó que defenderían esa ciudad con facilidad. Por lo tanto, retuvo todas sus tropas para preservar los sitios que había reconquistado.
Y ahora bien, cuando vio Moroni que se había perdido la ciudad de Nefíah, se apesadumbró en extremo y empezó a dudar, a causa de las maldades del pueblo, si no caerían en manos de sus hermanos. Y así sucedió con todos sus capitanes en jefe. También dudaron y se maravillaron a causa de las maldades del pueblo; y esto por razón de los triunfos de los lamanitas sobre ellos.