La época de la guerra de Zarahemla

Comienzan las agresiones lamanitas

Alma 49:1–4

Las tropas lamanitas se acercan a la ciudad de Ammoníah, y se decepcionan enormemente al descubrir que Ammoníah había sido completamente reconstruida y fuertemente fortificada con un inmenso montículo de tierra que rodea el perímetro de la ciudad.

Y sucedió que en el undécimo mes del año decimonoveno, el día diez del mes, se vio que los ejércitos de los lamanitas se acercaban hacia la tierra de Ammoníah. Y he aquí, la ciudad había sido reconstruida, y Moroni había colocado un ejército cerca de los límites de la ciudad, y habían levantado un parapeto de tierra para defenderse de las flechas y piedras de los lamanitas, pues he aquí, luchaban con piedras y con flechas. He aquí, dije que la ciudad de Ammoníah había sido reconstruida. Os digo que sí, que fue reconstruida en parte; y porque los lamanitas la habían destruido una vez, a causa de la iniquidad del pueblo, pensaron que nuevamente les sería presa fácil. Mas he aquí, cuán grande fue su desengaño; porque los nefitas habían levantado un parapeto de tierra alrededor de ellos, tan alto que los lamanitas no podían lanzar contra ellos sus piedras y flechas con buen efecto, ni tampoco podían caer sobre ellos sino por la entrada.

Alma 49:5–9

Los lamanitas están asombrados por los preparativos defensivos; habían pensado que Ammoníah sería destruida con la misma facilidad que antes.

Y en esta ocasión los capitanes principales de los lamanitas se asombraron en extremo, a causa del acierto de los nefitas en preparar sus plazas fuertes. Pues los caudillos de los lamanitas habían pensado, a causa de su gran número, sí, habían supuesto que tendrían el privilegio de caer sobre ellos como antes lo habían hecho; sí, y también se habían preparado con escudos y con petos; y también se habían preparado con vestidos de pieles, sí, vestidos muy gruesos para cubrir su desnudez.

Y habiéndose preparado de esta manera, pensaron que fácilmente dominarían y sujetarían a sus hermanos bajo el yugo del cautiverio, o los matarían y los masacrarían a su gusto. Pero he aquí, para su mayor asombro, ellos estaban preparados para recibirlos de una manera como nunca se había conocido entre los hijos de Lehi. Y estaban preparados para combatir a los lamanitas según las instrucciones de Moroni. Y sucedió que los lamanitas, o sea, los amalickiahitas, se asombraron en sumo grado de ver su manera de prepararse para la guerra.

Alma 49:10–13

Si Amalickíah hubiera estado allí personalmente, sin duda hubiera ordenado un ataque de todos modos, pero sus oficiales al mando deciden dejar la ciudad en paz y viajar más adentro del territorio nefitas hacia la ciudad de Noé.

Ahora bien, si el rey Amalickíah hubiera llegado de la tierra de Nefi a la cabeza de su ejército, quizás habría hecho que los lamanitas atacaran a los nefitas en la ciudad de Ammoníah, porque he aquí, a él no le importaba la sangre de su pueblo. Mas he aquí, Amalickíah no vino en persona a la batalla. Y sus capitanes principales no osaron atacar a los nefitas en la ciudad de Ammoníah, pues Moroni había alterado el manejo de los asuntos entre los nefitas, al grado de que los lamanitas se vieron frustrados a causa de sus lugares de refugio y no pudieron asaltarlos.

Por tanto, se retiraron al desierto, y levantaron su campo y marcharon hacia la tierra de Noé, pensando que sería el segundo sitio más favorable para atacar a los nefitas. Pues no sabían que Moroni había fortificado, o sea, que había construido fortalezas para cada ciudad en toda la tierra circunvecina; por tanto, marcharon adelante a la tierra de Noé con una firme resolución; sí, sus capitanes principales se adelantaron y juraron que destruirían a la gente de aquella ciudad.

Alma 49:14–15

Los lamanitas se sorprenden nuevamente al encontrar que la ciudad de Noé, que anteriormente había sido un punto débil, ahora está incluso más fortificada que Ammoníah.

Mas he aquí, para su asombro, la ciudad de Noé, que antes había sido un punto débil, ahora, debido a Moroni, se había hecho fuerte, sí, y aun excedía a la fuerza de la ciudad de Ammoníah. Y he aquí, en esto Moroni fue sabio; pues había supuesto que se espantarían ante la ciudad de Ammoníah; y como la ciudad de Noé previamente había sido la parte más débil de la tierra, consiguientemente marcharían allí para dar batalla; y así sucedió conforme a sus deseos.

Alma 49:16–18

El general que lideraba las fuerzas en Noé era Lehi—a quien los lamanitas recordaban y temían desde el ataque de Zerahemna en Sidón.

Y he aquí, Moroni había nombrado a Lehi para ser el capitán en jefe de los hombres de esa ciudad; y era el mismo Lehi que luchó con los lamanitas en el valle al este del río Sidón. Y he aquí, sucedió que cuando los lamanitas descubrieron que Lehi tenía el mando de la ciudad, se vieron otra vez contrariados, pues temían a Lehi en sumo grado; sin embargo, sus capitanes en jefe habían jurado atacar la ciudad; por tanto, hicieron avanzar a sus ejércitos.

Alma 49:19–20

La Ciudad y Tierra de Noé ha sido fortificada con terraplenes circundantes y fosos de manera que la única forma posible de entrar a la ciudad es a través de la entrada principal—las fuerzas de Lehi, fuertemente armadas, están listas con proyectiles variados para lanzar contra cualquier invasor.

Pero he aquí, los lamanitas no podían entrar en sus plazas fuertes sino por la entrada, a causa de la altura del parapeto que se había erigido, y la profundidad del foso que se había cavado alrededor, excepto a la entrada. Y así los nefitas estaban preparados para destruir a todos los que intentaran ascender por cualquier otro lado para penetrar en el fuerte, lanzándoles piedras y flechas. Y así se hallaban preparados, sí, un grupo de sus hombres más fuertes, con sus espadas y sus hondas, para derribar a cuantos intentaran penetrar en su plaza fuerte por la entrada; y así estaban preparados para defenderse contra los lamanitas.