Y sucedió que en el undécimo mes del año decimonoveno, el día diez del mes, se vio que los ejércitos de los lamanitas se acercaban hacia la tierra de Ammoníah. Y he aquí, la ciudad había sido reconstruida, y Moroni había colocado un ejército cerca de los límites de la ciudad, y habían levantado un parapeto de tierra para defenderse de las flechas y piedras de los lamanitas, pues he aquí, luchaban con piedras y con flechas. He aquí, dije que la ciudad de Ammoníah había sido reconstruida. Os digo que sí, que fue reconstruida en parte; y porque los lamanitas la habían destruido una vez, a causa de la iniquidad del pueblo, pensaron que nuevamente les sería presa fácil. Mas he aquí, cuán grande fue su desengaño; porque los nefitas habían levantado un parapeto de tierra alrededor de ellos, tan alto que los lamanitas no podían lanzar contra ellos sus piedras y flechas con buen efecto, ni tampoco podían caer sobre ellos sino por la entrada.
Y en esta ocasión los capitanes principales de los lamanitas se asombraron en extremo, a causa del acierto de los nefitas en preparar sus plazas fuertes. Pues los caudillos de los lamanitas habían pensado, a causa de su gran número, sí, habían supuesto que tendrían el privilegio de caer sobre ellos como antes lo habían hecho; sí, y también se habían preparado con escudos y con petos; y también se habían preparado con vestidos de pieles, sí, vestidos muy gruesos para cubrir su desnudez.
Y habiéndose preparado de esta manera, pensaron que fácilmente dominarían y sujetarían a sus hermanos bajo el yugo del cautiverio, o los matarían y los masacrarían a su gusto. Pero he aquí, para su mayor asombro, ellos estaban preparados para recibirlos de una manera como nunca se había conocido entre los hijos de Lehi. Y estaban preparados para combatir a los lamanitas según las instrucciones de Moroni. Y sucedió que los lamanitas, o sea, los amalickiahitas, se asombraron en sumo grado de ver su manera de prepararse para la guerra.
Ahora bien, si el rey Amalickíah hubiera llegado de la tierra de Nefi a la cabeza de su ejército, quizás habría hecho que los lamanitas atacaran a los nefitas en la ciudad de Ammoníah, porque he aquí, a él no le importaba la sangre de su pueblo. Mas he aquí, Amalickíah no vino en persona a la batalla. Y sus capitanes principales no osaron atacar a los nefitas en la ciudad de Ammoníah, pues Moroni había alterado el manejo de los asuntos entre los nefitas, al grado de que los lamanitas se vieron frustrados a causa de sus lugares de refugio y no pudieron asaltarlos.
Por tanto, se retiraron al desierto, y levantaron su campo y marcharon hacia la tierra de Noé, pensando que sería el segundo sitio más favorable para atacar a los nefitas. Pues no sabían que Moroni había fortificado, o sea, que había construido fortalezas para cada ciudad en toda la tierra circunvecina; por tanto, marcharon adelante a la tierra de Noé con una firme resolución; sí, sus capitanes principales se adelantaron y juraron que destruirían a la gente de aquella ciudad.
Mas he aquí, para su asombro, la ciudad de Noé, que antes había sido un punto débil, ahora, debido a Moroni, se había hecho fuerte, sí, y aun excedía a la fuerza de la ciudad de Ammoníah. Y he aquí, en esto Moroni fue sabio; pues había supuesto que se espantarían ante la ciudad de Ammoníah; y como la ciudad de Noé previamente había sido la parte más débil de la tierra, consiguientemente marcharían allí para dar batalla; y así sucedió conforme a sus deseos.
Y he aquí, Moroni había nombrado a Lehi para ser el capitán en jefe de los hombres de esa ciudad; y era el mismo Lehi que luchó con los lamanitas en el valle al este del río Sidón. Y he aquí, sucedió que cuando los lamanitas descubrieron que Lehi tenía el mando de la ciudad, se vieron otra vez contrariados, pues temían a Lehi en sumo grado; sin embargo, sus capitanes en jefe habían jurado atacar la ciudad; por tanto, hicieron avanzar a sus ejércitos.
Pero he aquí, los lamanitas no podían entrar en sus plazas fuertes sino por la entrada, a causa de la altura del parapeto que se había erigido, y la profundidad del foso que se había cavado alrededor, excepto a la entrada. Y así los nefitas estaban preparados para destruir a todos los que intentaran ascender por cualquier otro lado para penetrar en el fuerte, lanzándoles piedras y flechas. Y así se hallaban preparados, sí, un grupo de sus hombres más fuertes, con sus espadas y sus hondas, para derribar a cuantos intentaran penetrar en su plaza fuerte por la entrada; y así estaban preparados para defenderse contra los lamanitas.