Y he aquí, aconteció que no se atrevieron a avanzar contra los nefitas en las fronteras de Jersón; por tanto, salieron de la tierra de Antiónum para el desierto, e hicieron un rodeo en el desierto, allá por los manantiales del río Sidón, para llegar a la tierra de Manti y tomar posesión de ella; porque no suponían que los ejércitos de Moroni supieran hacia dónde se habían dirigido.
Pero sucedió que tan pronto como salieron para el desierto, Moroni envió espías a vigilar su campo; y sabiendo también de las profecías de Alma, Moroni le envió ciertos hombres para pedirle que preguntara al Señor hacia dónde habían de marchar los ejércitos de los nefitas para defenderse de los lamanitas.
Y ocurrió que la palabra del Señor vino a Alma, y él informó a los mensajeros de Moroni que los ejércitos de los lamanitas estaban rodeando por el desierto para llegar a la tierra de Manti, a fin de iniciar un ataque contra la parte más débil del pueblo. Y esos mensajeros fueron y comunicaron la noticia a Moroni.
Y Moroni, dejando parte de su ejército en la tierra de Jersón, no fuese que de algún modo una parte de los lamanitas entrase en esa tierra y tomase posesión de la ciudad, tomó el resto de su ejército y marchó a la tierra de Manti. E hizo que toda la gente de aquella parte del país se reuniera para la lucha contra los lamanitas, a fin de defender sus tierras y su país, sus derechos y sus libertades; por tanto, estaban preparados para la hora de la llegada de los lamanitas.
Y ocurrió que Moroni hizo que su ejército se escondiera en el valle que se hallaba cerca de la ribera del río Sidón, del lado oeste del mismo río, en el desierto. Y Moroni colocó espías alrededor, a fin de saber cuándo llegaría el ejército de los lamanitas.
Y como Moroni conocía la intención de los lamanitas, que era destruir a sus hermanos, o dominarlos y llevarlos al cautiverio, a fin de establecer un reino para sí mismos en toda esa tierra; y sabiendo también que el único deseo de los nefitas era preservar sus tierras, su libertad y su iglesia, no consideró, por tanto, que fuera pecado defenderlos mediante la estratagema; de modo que se enteró, por medio de sus espías, del rumbo que iban a tomar los lamanitas.
Por consiguiente, dividió su ejército, y trajo una parte de ellos al valle y los escondió al este y al sur del cerro Ripla; y ocultó al resto en el valle del oeste, al oeste del río Sidón, y así hasta las fronteras de la tierra de Manti. Y habiendo colocado así a su ejército según su deseo, quedó preparado para recibirlos.