Y he aquí, ahora tengo algo que decir concerniente a los del pueblo de Ammón, que en un principio eran lamanitas, pero que se habían convertido al Señor mediante Ammón y sus hermanos, o mejor dicho, por el poder y la palabra de Dios; y habían sido conducidos a la tierra de Zarahemla, y los nefitas los habían protegido desde entonces.
Y por motivo de su juramento, se les había refrenado de tomar las armas contra sus hermanos; porque habían hecho juramento de no verter más sangre; y de acuerdo con su juramento, hubieran perecido; sí, ellos se habrían dejado caer en manos de sus hermanos, si no hubiera sido por la compasión y gran amor que Ammón y sus hermanos habían sentido por ellos. Y por esta razón fueron conducidos a la tierra de Zarahemla; y desde entonces los habían protegido los nefitas.
Pero sucedió que cuando vieron el peligro, y las muchas aflicciones y tribulaciones que los nefitas padecían por ellos, se llenaron de compasión y sintieron deseos de tomar las armas en defensa de su país.
y no necesito repetirte concerniente a sus tradiciones ni a su incredulidad, pues tú sabes acerca de todas estas cosas—
Pero he aquí, cuando estaban ya para tomar sus armas de guerra, los convencieron las persuasiones de Helamán y sus hermanos, pues estaban a punto de quebrantar el juramento que habían hecho.
Y Helamán temía que de hacerlo perderían sus almas. Por tanto, todos los que habían concertado este convenio se vieron obligados a ver a sus hermanos vadear sus dificultades, en sus peligrosas circunstancias en esta época.
Y también sabes del convenio que hicieron sus padres de que no tomarían las armas de guerra en contra de sus hermanos para derramar sangre. Mas en el año veintiséis, cuando vieron nuestras aflicciones y tribulaciones que padecíamos por ellos, se hallaban a punto de violar el convenio que habían hecho, y tomar sus armas de guerra en nuestra defensa.
Pero yo no quise permitirles que violaran este convenio que habían hecho, creyendo que Dios nos fortalecería, de tal modo que no padeceríamos más por motivo de la observancia del juramento que habían hecho.
Mas he aquí, aconteció que tenían muchos hijos que no habían concertado ningún convenio de que no tomarían sus armas de guerra para defenderse contra sus enemigos; por tanto, cuantos podían portar armas se reunieron en esa ocasión, y se hicieron llamar nefitas.
E hicieron un convenio de luchar por la libertad de los nefitas, sí, de proteger la tierra hasta con su vida; sí, hicieron convenio de que jamás renunciarían a su libertad, sino que lucharían en toda ocasión para proteger a los nefitas y a sí mismos del cautiverio. Y he aquí, hubo dos mil de estos jóvenes que concertaron este convenio y tomaron sus armas de guerra para defender su patria.
He aquí, dos mil de los hijos de aquellos hombres que Ammón trajo de la tierra de Nefi —y ya estás enterado de que estos eran descendientes de Lamán, el hijo mayor de nuestro padre Lehi; por tanto, bástame decirte que dos mil de estos jóvenes han tomado sus armas de guerra, y pidieron que yo fuese su jefe; y hemos salido para defender nuestro país.
Y he aquí, como hasta entonces nunca habían sido desventaja alguna para los nefitas, se tornaron, en esta ocasión, en un fuerte apoyo; porque tomaron sus armas de guerra y quisieron que Helamán fuese su caudillo. Y todos ellos eran jóvenes, y sumamente valientes en cuanto a intrepidez, y también en cuanto a vigor y actividad; mas he aquí, esto no era todo; eran hombres que en todo momento se mantenían fieles a cualquier cosa que les fuera confiada. Sí, eran hombres verídicos y serios, pues se les había enseñado a guardar los mandamientos de Dios y a andar rectamente ante él.