Y aconteció que recibí una epístola del rey Ammorón, en la que me decía que si yo le entregaba los prisioneros de guerra que habíamos tomado, él nos entregaría la ciudad de Antipara.
Pero envié una epístola al rey, de que estábamos seguros de que nuestras fuerzas eran suficientes para tomar la ciudad de Antipara con nuestras tropas; y que con entregarle los prisioneros por esa ciudad nos consideraríamos imprudentes, y que solo entregaríamos nuestros prisioneros a canje de otros.
Y Ammorón rechazó mi epístola, porque no quería hacer el canje de prisioneros; por lo tanto, empezamos los preparativos para marchar contra la ciudad de Antipara.
Pero la gente de Antipara abandonó la ciudad, y huyó a las otras ciudades que poseían, para fortificarlas; y de este modo la ciudad de Antipara cayó en nuestras manos. Y así concluyó el año veintiocho del gobierno de los jueces.