La época de la guerra de Zarahemla

Sitio de Zarahemla

Helaman 1:16–17, 15

El nuevo rey lamanita, Tubalot , designa a un hombre llamado Coriántumr para dirigir el ejército lamanita.

Y llegaron otra vez para trabar la batalla con los nefitas; y los guiaba un hombre que se llamaba Coriántumr, y era descendiente de Zarahemla; y era un disidente de entre los nefitas, y un hombre fuerte y de grande estatura.

Por lo que, el rey de los lamanitas, cuyo nombre era Tubalot hijo de Ammorón, suponiendo que Coriántumr, por ser tan poderoso, podría hacer frente a los nefitas con su fuerza y gran sabiduría, al grado de que con mandarlo sometería a los nefitas, incitó, por tanto, a los lamanitas a la ira, y reunió a sus ejércitos, y les nombró a Coriántumr para que fuera su caudillo, y les mandó que emprendieran la marcha hacia la tierra de Zarahemla para luchar contra los nefitas.

Helaman 1:14–15

Coriántumr reúne y equipa a un enorme ejército, y marcha hacia La ciudad de Zarahemla.

Y acaeció que en el año cuarenta y uno del gobierno de los jueces, los lamanitas juntaron un ejército innumerable, y lo armaron con espadas, y con cimitarras, y con arcos, y flechas, y cascos, y con petos, y con toda especie de escudos de varias clases. Y llegaron otra vez para trabar la batalla con los nefitas; y los guiaba un hombre que se llamaba Coriántumr, y era descendiente de Zarahemla; y era un disidente de entre los nefitas, y un hombre fuerte y de grande estatura.

Helaman 1:18

Debido a los recientes problemas políticos entre los nefitas, La ciudad de Zarahemla está mal protegida.

Y sucedió que por razón de tanta contención y tanta dificultad en el gobierno, no habían conservado guardias suficientes en la tierra de Zarahemla; porque no se habían supuesto que los lamanitas se atreverían a invadir el centro de sus tierras para atacar la gran ciudad de Zarahemla.

Helaman 1:19–21

El ejército de Coriántumr asalta La ciudad de Zarahemla con sorprendente rapidez, matando a cualquiera en su camino; Pacumeni intenta escapar, pero Coriántumr lo mata primero.

Pero sucedió que Coriántumr marchó al frente de su numerosa hueste, y cayó sobre los habitantes de la ciudad; y su marcha fue tan sumamente rápida, que no hubo tiempo para que los nefitas reunieran sus ejércitos. Por lo tanto, Coriántumr mató a los guardias que estaban a la entrada de la ciudad, y con todo su ejército entró en ella, y mataron a cuantos los resistían, a tal grado que tomaron toda la ciudad. Y sucedió que Pacumeni, que era el juez superior, huyó delante de Coriántumr hasta los muros de la ciudad. Y aconteció que Coriántumr lo hirió contra la muralla de tal modo que murió; y así llegaron a su fin los días de Pacumeni.

Helaman 1:22–24

Una vez que Coriantumr se da cuenta de que tiene el control total de la Ciudad de Zarahemla, decide expandir su asedio invadiendo la ciudad de Bountiful.

Y ahora bien, cuando Coriántumr vio que tenía en su poder la ciudad de Zarahemla, y vio que los nefitas habían huido delante de ellos, y que los habían matado, y que los habían encerrado en prisiones, y que él se había apoderado de la plaza más fuerte de toda esa tierra, cobró ánimo su corazón al grado de que se dispuso a avanzar contra toda la tierra.

Así que no se detuvo en la tierra de Zarahemla, sino que emprendió la marcha con un ejército grande hacia la ciudad de Abundancia; pues tenía la determinación de avanzar y abrirse paso con la espada para apoderarse de las partes de la tierra hacia el norte. Y creyendo que las fuerzas principales de los nefitas se encontraban en el centro de la tierra, marchó adelante sin darles tiempo para reunirse, sino en pequeños grupos; y de esta manera se lanzaban sobre ellos y los hacían caer a tierra.

Helaman 1:25–27

Moroníah no había fortificado La ciudad de Zarahemla mucho, pensando que los Lamanitas no se atreverían a invadir la ciudad capital.

Pero he aquí que esta marcha de Coriántumr por el centro de sus tierras dio a Moroníah una gran ventaja, a pesar de la magnitud del número de nefitas que habían perecido. Pues he aquí, Moroníah no había supuesto que los lamanitas se atreverían a invadir el centro de la tierra, sino que asaltarían las ciudades fronterizas como lo habían hecho hasta entonces; por tanto, Moroníah había hecho que sus ejércitos fuertes protegieran aquellas partes cerca de las fronteras.

Mas he aquí, los lamanitas no se habían atemorizado, como él quería, sino que habían entrado en el centro de la tierra y se habían apoderado de la capital, que era la ciudad de Zarahemla; y marchaban por las partes principales de la tierra, matando al pueblo con gran mortandad, tanto hombres, como mujeres y niños, apoderándose de muchas ciudades y de muchas plazas fuertes.

Helaman 1:28–29

Moroníah envía tropas para emboscar a Coriantumr cuando se acerca a Bountiful; Coriantumr comienza a retirarse hacia Zarahemla, pero Moroníah lo espera con más tropas.

Pero cuando Moroníah se dio cuenta de esto, envió inmediatamente a Lehi con un ejército para que los atajara antes que llegaran a la tierra de Abundancia. Y así lo hizo; y los atajó antes que llegaran a la tierra de Abundancia, y les dio la batalla, de modo que empezaron a retroceder hacia la tierra de Zarahemla.

Helaman 1:30

Se desata una terrible batalla en la que Coriantumr muere.

Y sucedió que Moroníah los atajó en su retirada y los combatió, de modo que se tornó en una batalla muy sangrienta; sí, perecieron muchos, y entre el número de los que murieron también fue hallado Coriántumr.

Helaman 1:31–34

Los lamanitas supervivientes, al verse rodeados por los nefitas, se rinden y son enviados de vuelta a la tierra de Nefi. La ciudad de Zarahemla es recuperada por los nefitas.

Y he aquí, los lamanitas no podían retroceder, ni por el norte, ni por el sur, ni por el este, ni por el oeste, porque los nefitas los tenían rodeados por todas partes. Y así Coriántumr había precipitado a los lamanitas en medio de los nefitas, a tal grado que estaban en su poder; y él mismo pereció, y los lamanitas se rindieron en manos de los nefitas. Y ocurrió que Moroníah se apoderó nuevamente de la ciudad de Zarahemla, e hizo que los prisioneros lamanitas abandonaran el país en paz.

Y así concluyó el año cuarenta y uno del gobierno de los jueces.