Y además, aconteció que cuando el rey Benjamín hubo dado fin a todas estas cosas, y hubo consagrado a su hijo Mosíah para que fuera el gobernante y rey de su pueblo, y le hubo dado todo cargo concerniente al reino, y también hubo nombrado sacerdotes para enseñar al pueblo, a fin de que así pudiesen oír y saber los mandamientos de Dios, y despertar en ellos el recuerdo del juramento que habían hecho, despidió a la multitud; y se volvieron, cada cual, según sus familias, a sus propias casas.
Y Mosíah empezó a reinar en lugar de su padre. Y comenzó a reinar en el trigésimo año de su vida; y en total habían transcurrido unos cuatrocientos setenta y seis años desde el tiempo en que Lehi salió de Jerusalén.
Y el rey Benjamín vivió tres años más, y murió.
Y sucedió que el rey Mosíah anduvo en las sendas del Señor, y observó sus juicios y sus estatutos, y guardó sus mandamientos en todas las cosas que el Señor le mandó. Y el rey Mosíah hizo que su pueblo labrara la tierra. Y también él mismo labraba la tierra para que así no fuese oneroso a su pueblo, a fin de obrar de acuerdo con lo que su padre había hecho en todas las cosas. Y no hubo contención entre todo su pueblo por el espacio de tres años.
Y ahora bien, aconteció que después que hubo tenido paz continua por el término de tres años, el rey Mosíah tuvo deseos de saber de la gente que fue a morar a la tierra de Lehi-Nefi, o sea, a la ciudad de Lehi-Nefi; porque su pueblo nada había sabido de ellos desde la ocasión en que salieron de la tierra de Zarahemla; de modo que lo importunaban con su insistencia. Y sucedió que el rey Mosíah concedió que dieciséis de los hombres fuertes del pueblo subiesen a la tierra de Lehi-Nefi para indagar concerniente a sus hermanos. Y ocurrió que al día siguiente emprendieron el viaje, e iba con ellos uno llamado Ammón, un hombre fuerte y poderoso, y descendiente de Zarahemla; y también era su caudillo.