Las labores misionales de Aarón

Predicar en el Palacio Real

Alma 22:1

Aarón y sus compañeros se dirigen a la Tierra de Nefi y encuentran el palacio del rey.

Y ahora bien, mientras Ammón así enseñaba al pueblo de Lamoni continuamente, volveremos a la historia de Aarón y sus hermanos; porque después que partió de la tierra de Middoni, el Espíritu lo guio a la tierra de Nefi hasta la casa del rey que gobernaba toda esa tierra, salvo la tierra de Ismael; y era el padre de Lamoni.

Alma 22:2–3

Ofrecen convertirse en siervos de el rey.

Y sucedió que entró a verlo en el palacio del rey, con sus hermanos, y se inclinó delante del rey, y le dijo:

He aquí, ¡oh rey!, somos los hermanos de Ammón, a quienes tú has librado de la cárcel. Y ahora, ¡oh rey!, si tú nos concedes la vida, seremos tus siervos.

Alma 22:3

El rey está intrigado por estos misioneros y quiere saber por qué Ammon no ha venido con ellos.

Y les dijo el rey:

Levantaos, porque os concederé vuestras vidas, y no permitiré que seáis mis siervos; pero sí insistiré en que me ministréis, porque mi mente ha estado algo perturbada por razón de la generosidad y grandeza de las palabras de vuestro hermano Ammón; y deseo saber la causa por la cual él no ha subido desde Middoni contigo.

Alma 22:4

Los misioneros le dicen al rey que el Espíritu guió a Ammon para que regresara a Ishmael, para enseñar al pueblo de Lamoni .

Y Aarón dijo al rey:

He aquí, el Espíritu del Señor lo ha llamado a otra parte; ha ido a la tierra de Ismael a instruir al pueblo de Lamoni.

Alma 22:5–6

El rey pregunta qué significa ”Espíritu” y pregunta acerca de la doctrina.

Luego el rey les dijo:

¿Qué es esto que habéis dicho concerniente al Espíritu del Señor? He aquí, esto es lo que me turba. Y además, ¿qué significa esto que Ammón dijo: Si os arrepentís, seréis salvos, y si no os arrepentís, seréis desechados en el postrer día?

Alma 22:7

Aarón le pregunta si cree en Dios.

Y Aarón le respondió y le dijo:

¿Crees que hay un Dios?

Alma 22:7

El rey sabe que los Amalekitas afirman adorar a un Dios, pero más allá de eso, sabe muy poco; aun así, está dispuesto a creer.

Y le dijo el rey:

“Sé que los amalekitas dicen que hay un Dios, y les he concedido que edifiquen santuarios a fin de que se reúnan para adorarlo. Y si ahora tú dices que hay un Dios, he aquí, yo creeré.”

Alma 22:8

Aarón asegura al rey que hay un Dios.

Y cuando Aarón oyó esto, su corazón empezó a regocijarse y dijo:

He aquí, ciertamente como tú vives, ¡oh rey!, hay un Dios.

Alma 22:9

El rey pregunta si Dios es el Gran Espíritu.

Y dijo el rey:

¿Es Dios aquel Gran Espíritu que trajo a nuestros padres de la tierra de Jerusalén?

Alma 22:10

Aarón dice que sí, y que él es el creador de todas las cosas.

Y Aarón le dijo:

“Sí, él es ese Gran Espíritu, y él ha creado todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra. ¿Crees esto?”

Alma 22:11

El rey cree.

Y dijo él:

“Sí, creo que el Gran Espíritu creó todas las cosas, y deseo que me informes concerniente a todas estas cosas y creeré tus palabras.”

Alma 22:12

Aarón, al ver el corazón abierto del rey, comienza a enseñar a partir de las escrituras.

Y aconteció que al ver que el rey creería sus palabras, Aarón empezó por la creación de Adán, leyendo al rey las Escrituras, de cómo creó Dios al hombre a su propia imagen, y que Dios le dio mandamientos, y que, a causa de la transgresión, el hombre había caído.

Alma 22:13–14

Aarón explica la creación, la caída, el plan de redención, la expiación de Cristo, y la resurrección.

Y Aarón le explicó las Escrituras, desde la creación de Adán, exponiéndole la caída del hombre, y su estado carnal, y también el plan de redención que fue preparado desde la fundación del mundo, por medio de Cristo, para cuantos quisieran creer en su nombre.

Y en vista de que el hombre había caído, este no podía merecer nada de sí mismo; mas los padecimientos y muerte de Cristo expían sus pecados mediante la fe y el arrepentimiento, etcétera; y que él quebranta las ligaduras de la muerte, para arrebatarle la victoria a la tumba, y que el aguijón de la muerte sea consumido en la esperanza de gloria; y Aarón le explicó todas estas cosas al rey.