Las labores misionales de Aarón

La conversión del Rey

Alma 22:15

El rey pregunta qué debe hacer para nacer de Dios y recibir la vida eterna.

Y aconteció que después que Aarón le hubo explicado estas cosas, dijo el rey:

¿Qué haré para lograr esta vida eterna de que has hablado? Sí, ¿qué haré para nacer de Dios, desarraigando de mi pecho este espíritu inicuo, y recibir el Espíritu de Dios para que sea lleno de gozo, y no sea desechado en el postrer día? He aquí, dijo él, daré cuanto poseo; sí, abandonaré mi reino a fin de recibir este gran gozo.

Alma 22:16

Aarón le dice que tenga fe, se arrepienta y ore.

Mas Aarón le dijo:

Si tú deseas esto, si te arrodillas delante de Dios, sí, si te arrepientes de todos tus pecados y te postras ante Dios e invocas con fe su nombre, creyendo que recibirás, entonces obtendrás la esperanza que deseas.

Alma 22:17–18

El rey se arrodilla y ora—él pide conocer a Dios, y ofrece renunciar a todos sus pecados.

Y sucedió que cuando Aarón hubo dicho estas palabras, el rey se inclinó de rodillas ante el Señor, sí, se postró hasta el polvo, y clamó fuertemente diciendo:

¡Oh Dios!, Aarón me ha dicho que hay un Dios;
y si hay un Dios,
y si tú eres Dios,
¿te darías a conocer a mí?,
y abandonaré todos mis pecados para conocerte,
y para que sea levantado de entre los muertos y sea salvo en el postrer día.

Alma 22:18

Al pronunciar esta oración, el rey cae, al parecer muerto.

Y cuando el rey hubo dicho estas palabras, cayó como herido de muerte.

Alma 22:19

Los sirvientes corren y le cuentan a la reina que el rey ha caído; la reina, al ver a su esposo postrado y a Aarón y sus amigos de pie junto a él, ordena su ejecución.

Y aconteció que sus siervos corrieron e informaron a la reina de lo que le había pasado al rey. Y fue ella a donde estaba el rey; y cuando lo vio tendido como si estuviera muerto, y también a Aarón y a sus hermanos de pie allí como si ellos hubiesen sido la causa de su caída, se enojó con ellos y mandó que sus siervos, o sea, los siervos del rey, los prendieran y los mataran.

Alma 22:20

Los siervos, que sabían que los misioneros no atacaron al rey, explican a la reina que están protegidos por una fuerza sobrenatural.

Mas los siervos habían visto la causa de la caída del rey; por tanto, no se atrevieron a echar mano a Aarón y sus hermanos, e intercedieron ante la reina, diciendo: ¿Por qué nos mandas matar a estos hombres, cuando uno de ellos es más poderoso que todos nosotros? Por tanto, caeremos ante ellos.

Alma 22:21

La reina, al ver el aparente miedo de los criados, ordena a los ciudadanos linchar a Aarón y sus compañeros.

Y cuando la reina vio el temor de los siervos, también ella empezó a sentir gran miedo de que le sobreviniera algún mal. Y mandó a sus siervos que fueran y llamaran al pueblo para que mataran a Aarón y a sus hermanos.

Alma 22:22

Aarón, temiendo un disturbio entre la gente, manda al rey que se ponga de pie.

Ahora bien, cuando Aarón vio la determinación de la reina, y conociendo también la dureza de corazón del pueblo, temió que se reuniera una multitud y que hubiera una gran contienda y disturbio entre ellos; por tanto, extendió su mano y levantó al rey del suelo, y le dijo:

Levántate.

Alma 22:23

El rey se levanta, convertido, y comienza a convertir a su casa.

Esto se efectuó en presencia de la reina y muchos de los siervos. Y cuando lo vieron, se maravillaron en gran manera y empezaron a temer. Y el rey se adelantó y empezó a ministrarles. Y a tal grado ejerció su ministerio, que toda su casa se convirtió al Señor.

Alma 22:24

La multitud que se había reunido para linchar a los misioneros se pregunta qué está sucediendo.

Y se había reunido una multitud, a causa de la orden de la reina, y empezaron a surgir serias murmuraciones entre ellos por causa de Aarón y sus hermanos.

Alma 22:25–26

El rey sale y les asegura que no le han hecho ningún daño, y les dice a los misioneros que prediquen a la multitud.

Mas el rey se adelantó entre ellos y les asistió. Y se apaciguaron con Aarón y los que estaban con él.

Y sucedió que cuando el rey vio que el pueblo se había pacificado, hizo que Aarón y sus hermanos se pusieran en medio de la multitud, y que les predicaran la palabra.