¡Bendito sea el nombre de nuestro Dios! ¡Cantémosle loor; sí, demos gracias a su santo nombre, porque él obra rectitud para siempre! Porque si no hubiésemos subido desde la tierra de Zarahemla, estos, nuestros carísimos y amados hermanos que tanto nos han amado, aún se hallarían atormentados por su odio contra nosotros, sí, y habrían sido también extranjeros para con Dios.