Mas he aquí, amados hermanos míos, vinimos al desierto, no con la intención de destruir a nuestros hermanos, sino con objeto de salvar, tal vez, algunas de sus almas. Y cuando nuestros corazones se hallaban desanimados, y estábamos a punto de regresar, he aquí, el Señor nos consoló, y nos dijo:
Id entre vuestros hermanos los lamanitas, y sufrid con paciencia vuestras aflicciones, y os daré el éxito.