Y mientras así se hallaban contendiendo, llegó la criada que había hecho que se reuniera la multitud, y cuando vio la contención que había entre ellos, se contristó hasta derramar lágrimas. Y sucedió que fue y tomó a la reina de la mano, para tal vez levantarla del suelo; y en cuanto le tocó la mano, ella se puso de pie y clamó en alta voz, diciendo:
¡Oh bendito Jesús,
que me ha salvado de un terrible infierno!¡Oh Dios bendito,
ten misericordia de este pueblo!