Óyeme, Jacob, y tú, Israel, a quien llamé;
pues yo mismo soy; yo el primero, yo el postrero también.
Mi mano fundó también la tierra, y mi diestra extendió los cielos;
los llamo, y se presentan juntamente.
Juntaos todos vosotros y oíd: ¿Quién entre ellos les ha anunciado estas cosas?
El Señor lo amó; sí, y cumplirá su palabra que por ellos ha declarado,
y ejecutará su voluntad en Babilonia,
y su brazo caerá sobre los caldeos.
También dice el Señor:
Yo, el Señor, he hablado; sí, lo llamé a declarar, y lo traje; y él hará próspero su camino.
Allegaos a mí; no he hablado en secreto; desde el principio, desde el momento en que se declaró, yo he hablado;
y el Señor Dios me ha enviado, y su Espíritu.
Y así dice el Señor, Redentor tuyo, el Santo de Israel:
Yo lo he enviado;
el Señor tu Dios que te enseña provechosamente,
que te guía por la vía por la que debes andar,
él lo ha hecho.Oh, si hubieras escuchado mis mandamientos:
habría sido entonces tu paz como un río,
y tu rectitud cual las ondas del mar;
y como la arena tu descendencia,
y los renuevos de tus entrañas como los granitos de ella;
su nombre no habría sido cortado,
ni raído de mi presencia.
Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos: declarad con voz de cantos; publicadlo, llevadlo hasta lo postrero de la tierra; decid: Redimió el Señor a Jacob, su siervo. Y no tuvieron sed; los llevó por los desiertos; les hizo brotar aguas de la roca; hendió la peña, y salieron las aguas. Y a pesar de haber hecho todo esto, y más, no hay paz para los inicuos, dice el Señor.