[Moroni 8:1–30] Rechaza el conocimiento y perece.

Y después de rechazar tan grande conocimiento, hijo mío, deben perecer en breve, para que se cumplan las profecías que hablaron los profetas, así como las palabras de nuestro Salvador mismo. Adiós, hijo mío, hasta que te escriba, o te vuelva a ver. Amén.

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