Mi amado hijo, te escribo otra vez para que sepas que estoy vivo todavía; pero escribo algo de aquello que es penoso. Porque he aquí, he tenido una reñida batalla con los lamanitas, [i]3590[/i] en la cual no vencimos; y Arqueanto ha caído por la espada, y también Luram y Emrón; sí, y hemos perdido un gran número de nuestros mejores hombres.