He aquí, continuamente estoy afanándome con ellos; y cuando les hablo la palabra de Dios con severidad, tiemblan y se enojan conmigo; y cuando no empleo la severidad, endurecen el corazón contra la palabra; por tanto, temo que el Espíritu del Señor ha cesado de luchar con ellos. Porque es tan grande su ira, que me parece que no temen la muerte; y han perdido su amor, el uno para con el otro; y siempre están sedientos de sangre y de venganza.