Por tanto, un hombre, siendo malo, no puede hacer lo que es bueno; ni presentará una ofrenda buena. Porque he aquí, una fuente amarga no puede dar agua buena; ni tampoco puede una fuente buena dar agua amarga; de modo que si un hombre es siervo del diablo, no puede seguir a Cristo; y si sigue a Cristo, no puede ser siervo del diablo.