Decadencia y caída nefita

Juventud de Mormón

Mormon 1:1–4

Ammarón se acerca a un niño de diez años llamado Mormón, y le dice que cuando tenga veinticuatro años, debe ir a la Colina Shim, obtener los registros de los nefitas, y añadir a ellos las crónicas de los nefitas contemporáneos.

Y ahora yo, Mormón, hago una relación de las cosas que he visto y oído; y la llamo el Libro de Mormón. Y más o menos en la época en que Ammarón ocultó los anales para los fines del Señor, vino a mí (tendría yo unos diez años de edad, y empezaba a adquirir alguna instrucción en la ciencia de mi pueblo), y me dijo Ammarón:

Veo que eres un niño sensato, y presto para observar; por lo tanto, cuando tengas unos veinticuatro años de edad, quisiera que recordaras las cosas que hayas observado concernientes a este pueblo, y cuando llegues a esa edad, ve a la tierra de Antum, a una colina que se llamará Shim; y allí he depositado para los fines del Señor todos los santos grabados concernientes a este pueblo. Y he aquí, tomarás contigo las planchas de Nefi, y las demás las dejarás en el lugar donde se hallan; y sobre las planchas de Nefi grabarás todas las cosas que hayas observado concernientes a este pueblo.

Mormon 1:5–7

El año siguiente, el padre de Mormón lleva a Mormón hacia el sur, a Zarahemla, Tierra de, que se ha convertido en un importante núcleo urbano densamente poblado.

Y yo, Mormón, siendo descendiente de Nefi (y el nombre de mi padre era Mormón), recordé las cosas que Ammarón me mandó. Y sucedió que teniendo yo once años de edad, mi padre me llevó a la tierra del sur, sí, hasta la tierra de Zarahemla. Toda la superficie de la tierra había quedado cubierta de edificios, y los habitantes eran casi tan numerosos como las arenas del mar.

Mormon 1:8–10

Estalla una guerra cerca de La ciudad de Zarahemla entre los aliados Nefitas y los aliados Lamanitas.

Y sucedió que en este año empezó a haber una guerra entre los nefitas, que se componían de los nefitas, y los jacobitas, y los josefitas y los zoramitas; y esta guerra fue entre los nefitas, y los lamanitas, los lemuelitas y los ismaelitas.

Ahora bien, los lamanitas, lemuelitas e ismaelitas se llamaban lamanitas; y los dos partidos eran los nefitas y los lamanitas. Y aconteció que empezó la guerra entre ellos en las fronteras de Zarahemla, junto a las aguas de Sidón.

Mormon 1:11–12

Los nefitas, que reunieron un ejército de 30,000 soldados, logran repeler a los lamanitas y restaurar la paz.

Y sucedió que los nefitas habían reunido un número muy crecido de hombres, que pasaba aun de treinta mil. Y acaeció que en este mismo año hubo un número de batallas, en las cuales los nefitas derrotaron a los lamanitas y mataron a muchos de ellos. Y ocurrió que los lamanitas abandonaron su propósito, y hubo paz en la tierra; y duró la paz por el término de unos cuatro años, de modo que no hubo efusión de sangre.

Mormon 1:13–14

La maldad generalizada causa que el Espíritu Santo se retire, y que los discípulos sean llevados.

Pero prevaleció la maldad sobre la faz de toda la tierra, de manera que el Señor retiró a sus amados discípulos, y cesó la obra de milagros y sanidades debido a la iniquidad del pueblo. Y no hubo dones del Señor, y el Espíritu Santo no descendió sobre ninguno, por causa de su iniquidad e incredulidad.

Mormon 1:15–17

Mormón, ahora de 15 años, madura espiritualmente y llega a conocer la bondad de Jesús; desea predicar a la gente, pero se le prohíbe.

Y habiendo llegado yo a la edad de quince años, y siendo de carácter algo serio, por tanto, me visitó el Señor, y probé y conocí la bondad de Jesús.

E intenté predicar a este pueblo, pero me fue cerrada la boca, y se me prohibió que les predicara; pues he aquí, se habían rebelado intencionalmente contra su Dios; y los amados discípulos fueron retirados de la tierra, a causa de la iniquidad del pueblo. Mas yo permanecí entre ellos, pero me fue prohibido que les predicara por motivo de la dureza de sus corazones; y debido a la dureza de sus corazones, la tierra fue maldecida por causa de ellos.

Mormon 1:18–19

La influencia de los Gadiantón sigue extendiéndose, los objetos y pertenencias de las personas comienzan a desaparecer; la brujería, la hechicería y el satanismo abundan en la tierra.

Y estos ladrones de Gadiantón, que se hallaban entre los lamanitas, infestaban la tierra, a tal grado que los habitantes empezaron a ocultar sus tesoros en la tierra; y se hicieron deleznables, porque el Señor había maldecido la tierra, de tal manera que no podían conservarlos ni recuperarlos. Y aconteció que hubo sortilegios, y hechicerías, y encantamientos; y el poder del maligno se extendió por toda la faz de la tierra, hasta cumplirse todas las palabras de Abinadí y también de Samuel el Lamanita.