Y así, al principiar el año treinta—habiendo sido entregados los del pueblo, durante mucho tiempo, a ser llevados por las tentaciones del diablo doquier que él quería llevarlos, y a cometer cualquier iniquidad que él deseaba— a principios de este año, el año treinta, se hallaban en un estado de terrible iniquidad.
Y no pecaban en la ignorancia, porque conocían la voluntad de Dios tocante a ellos, pues se la habían enseñado; de modo que se rebelaban intencionalmente contra Dios. Y fue en los días de Laconeo hijo de Laconeo, porque ocupaba Laconeo el asiento de su padre y gobernaba al pueblo ese año.