El Período de Gadiantón

Nefi y Lehi en la prisión

Helaman 5:20–22

Nephi y Lehi viajan a la Tierra de Nefi, donde unos militantes Lamanita los capturan, los encarcelan y los condenan a muerte.

Y sucedió que Nefi y Lehi partieron de allí para ir a la tierra de Nefi. Y aconteció que los capturó un ejército lamanita, y los echaron en la prisión, sí, en la misma prisión en que los siervos de Limhi habían echado a Ammón y sus hermanos. Y después de haber estado muchos días en la prisión, sin alimento, he aquí, llegaron a la prisión para sacarlos a fin de matarlos.

Helaman 5:23

Mientras los lamanitas entran en la prisión para ejecutar a Nefi y a Lehi, una pared de fuego y llamas rodea a Nefi y a Lehi.

Y sucedió que Nefi y Lehi fueron envueltos como por fuego, de modo que no se atrevieron a echarles mano por miedo de ser quemados. No obstante, Nefi y Lehi no se quemaban; y se hallaban como si estuviesen en medio del fuego, y no se quemaban.

Helaman 5:24–25

Los lamanitas están demasiado asustados para proceder con la ejecución.

Y cuando vieron que los rodeaba un pilar de fuego, y que no los quemaba, sus corazones cobraron ánimo. Porque vieron que los lamanitas no se atrevían a echarles mano; ni se atrevían a acercárseles, sino que estaban como si hubieran quedado mudos de asombro.

Helaman 5:26

Nefi y Lehi llaman desde el fuego a los guardias, diciéndoles que no teman, sino que crean en Dios.

Y ocurrió que Nefi y Lehi se adelantaron y empezaron a hablarles, diciendo:

“No temáis, porque he aquí, es Dios quien os ha manifestado esta maravilla, con lo cual os es mostrado que no podéis echar mano de nosotros para matarnos.”

Helaman 5:27–28

La tierra comienza a temblar, y los muros de la prisión retumban, pero no caen—una niebla de oscuridad envuelve entonces la prisión.

Y he aquí, cuando hubieron dicho estas palabras, tembló la tierra fuertemente, y los muros de la prisión se sacudieron como si estuviesen a punto de caer al suelo; pero he aquí, no cayeron; y los que se hallaban en la prisión eran lamanitas y nefitas que eran disidentes. Y sucedió que los cubrió una nube de obscuridad, y se apoderó de ellos un espantoso e imponente temor.

Helaman 5:29

Los guardias de la prisión escuchan una voz que les manda arrepentirse y dejar solos a Nephi y Lehi.

Y aconteció que llegó una voz como si hubiera provenido de encima de la nube de obscuridad, diciendo:

Arrepentíos, arrepentíos, y no intentéis más destruir a mis siervos, a quienes os he enviado para declarar buenas nuevas.

Helaman 5:30–31

La voz no retumba ni es alta, pero es conmovedora y directa a los guardias.

Y ocurrió que cuando oyeron esta voz, y percibieron que no era una voz de trueno, ni una voz de un gran ruido tumultuoso, mas he aquí, era una voz apacible de perfecta suavidad, cual si hubiese sido un susurro, y penetraba hasta el alma misma; y a pesar de la suavidad de la voz, he aquí, la tierra tembló fuertemente, y otra vez se sacudieron los muros de la prisión como si fueran a derribarse; y he aquí, no se disipó la nube de tinieblas que los había envuelto.

Helaman 5:32

La voz una vez más les manda arrepentirse y soltar a Nephi y a Lehi.

Y he aquí, nuevamente vino la voz, diciendo:

Arrepentíos, arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca;
y no procuréis más destruir a mis siervos.

Y sucedió que la tierra tembló de nuevo y los muros se sacudieron.

Helaman 5:33–34

La voz continúa diciendo cosas inefablemente maravillosas.

Y también por tercera vez vino la voz, y les habló palabras maravillosas que el hombre no puede expresar; y temblaron otra vez los muros, y se estremeció la tierra, como si fuera a partirse. Y aconteció que los lamanitas no podían huir a causa de la nube de tinieblas que los cubría; sí, y también estaban sin poder moverse debido al temor que les había sobrevenido.

Helaman 5:35–36, 39

Un guardia llamado Aminadab, un ex–Nefita, ve la cara de Nephi y Lehi a través de las nieblas de oscuridad; ellos están mirando hacia arriba, hablando con alguien.

Y había entre ellos uno que era nefita de nacimiento, que había pertenecido en otro tiempo a la iglesia de Dios, pero se había separado de ella. Y sucedió que se volvió y, he aquí, vio los semblantes de Nefi y Lehi a través de la nube de tinieblas; y he aquí, brillaban en gran manera, aun como los rostros de ángeles. Y vio que alzaron sus ojos al cielo; y se hallaban en actitud de estar hablando o dirigiendo la voz a algún ser a quien contemplaban.


Y este hombre se llamaba Amínadab, y les dijo: Conversan con los ángeles de Dios.

Helaman 5:37–38

Aminadab notifica a los otros guardias—todos ellos ven a Nephi y a Lehi, y se preguntan con quién están hablando.

Y ocurrió que este hombre gritó a los de la multitud para que se volvieran y miraran. Y he aquí, les fue dado poder para volverse y mirar; y vieron las caras de Nefi y de Lehi. Y dijeron al hombre: He aquí, ¿qué significan todas estas cosas, y con quién conversan estos hombres?

Helaman 5:39

Aminadab explica que Nephi y Lehi están hablando con los ángeles de Dios.

Y este hombre se llamaba Amínadab, y les dijo:

“Conversan con los ángeles de Dios.”

Helaman 5:40

Los guardias preguntan cómo pueden hacer que la nube oscura se disipe.

Y sucedió que le dijeron los lamanitas:

¿Qué haremos para que sea quitada esta nube de tinieblas que nos cubre?

Helaman 5:41

Aminadab les dice que recuerden las enseñanzas de Alma, Amulek y Zeezrom, y que se arrepientan mediante la fe en Cristo.

Y les dijo Amínadab:

Debéis arrepentiros y clamar a la voz, hasta que tengáis fe en Cristo,
de quien os enseñaron Alma, Amulek y Zeezrom;
y cuando hagáis esto, será quitada la nube de tinieblas que os cubre.

Helaman 5:42

Los guardias claman a Dios, y la nube se disipa.

Y aconteció que empezaron todos a clamar a la voz de aquel que había hecho temblar la tierra; sí, clamaron hasta que se dispersó la nube de tinieblas.

Helaman 5:43

Cuando la oscuridad se disipa, ven que todos ellos están rodeados por una columna de fuego.

Y sucedió que cuando miraron a su derredor, y vieron que se había disipado la nube de tinieblas que los cubría, he aquí, vieron que estaban rodeados, sí, cada uno de ellos, por una columna de fuego.

Helaman 5:44

Nefi y Lehi se encuentran en el centro de la columna de fuego, sin embargo, no sufren daño.

Y Nefi y Lehi estaban en medio de ellos; sí, se hallaban rodeados; sí, se hallaban como si estuvieran en medio de llamas de fuego; sin embargo, ni los dañó ni incendió los muros de la prisión; y fueron llenos de ese gozo que es inefable y lleno de gloria.

Helaman 5:45

Todos los presentes experimentan una efusión pentecostal del espíritu.

Y he aquí, el Santo Espíritu de Dios descendió del cielo y entró en sus corazones; y fueron llenos como de fuego, y expresaron palabras maravillosas.

Helaman 5:46–47

La voz vuelve, esta vez elogiando a la gente por su fe en Cristo.

Y sucedió que llegó a ellos una voz; sí, una voz agradable, cual si fuera un susurro, diciendo:

¡Paz, paz a vosotros por motivo de vuestra fe en mi Bien Amado,
que era desde la fundación del mundo!

Helaman 5:48–49

Todos miran hacia arriba, ven a los ángeles salir del cielo y reciben el encargo de avanzar con fe.

Y cuando oyeron esto, alzaron la vista como para ver de dónde venía la voz; y he aquí, vieron abrirse los cielos; y descendieron ángeles del cielo y les ministraron. Y eran como unas trescientas almas las que vieron y oyeron estas cosas; y les fue mandado que fueran y no se maravillaran, ni tampoco dudaran.

Helaman 5:50–52

Los guardias convertidos van por todas partes y predican a los otros lamanitas, muchos de los cuales creen, se arrepienten y acuerdan devolver las tierras capturadas de los nefitas y vivir en paz.

Y ocurrió que fueron, y ejercieron su ministerio entre el pueblo, declarando en todas las regiones inmediatas las cosas que habían oído y visto, de tal manera que se convencieron de ellas la mayor parte de los lamanitas, a causa de la grandeza de las evidencias que habían recibido. Y cuantos se convencieron dejaron sus armas de guerra, así como su odio y las tradiciones de sus padres. Y sucedió que entregaron a los nefitas las tierras de sus posesiones.