Y sucedió que en el año diecisiete, hacia fines del año, la proclamación de Laconeo había circulado por toda la superficie de la tierra; y habían reunido sus caballos, y sus carros, y su ganado, y todos sus hatos y rebaños, y su grano, y todos sus bienes, y se dirigieron por miles y decenas de miles hasta que todos hubieron llegado al sitio que se había señalado para que se juntasen, a fin de defenderse de sus enemigos.
Y el lugar señalado fue la tierra de Zarahemla y la tierra que estaba entre la tierra de Zarahemla y la de Abundancia, sí, hasta la línea que corría entre la tierra de Abundancia y la tierra de Desolación.
Y hubo muchos miles de los que se llamaban nefitas que se congregaron en esta tierra; y Laconeo hizo que se reunieran en la tierra del sur por motivo de la gran maldición que había sobre la tierra del norte.
Y se fortificaron contra sus enemigos; y moraron en una región y como un solo grupo; y temieron las palabras que Laconeo había pronunciado, al grado de que se arrepintieron de todos sus pecados, y elevaban sus oraciones al Señor su Dios para que los librara en la ocasión en que sus enemigos vinieran a la batalla contra ellos. Y estaban sumamente afligidos a causa de sus enemigos. Y Gidgiddoni mandó que hicieran armas de guerra de toda clase, y que se fortalecieran con armadura, y con escudos y con broqueles, según sus instrucciones.