Y he aquí, estos juramentos y pactos secretos no llegaron a Gadiantón de los anales confiados a Helamán; mas he aquí, los inculcó en el corazón de Gadiantón aquel mismo ser que indujo a nuestros primeros padres a que comiesen del fruto prohibido; sí, aquel mismo ser que conspiró con Caín, que si asesinaba a su hermano Abel, el mundo no lo sabría. Y desde entonces conspiró con Caín y sus secuaces.
Y es también aquel mismo ser el que inculcó en el corazón del pueblo el construir una torre suficientemente alta para llegar al cielo. Y fue el mismo ser que engañó a ese pueblo que vino a esta tierra de aquella torre; el que esparció las obras de tinieblas y de abominaciones sobre toda la superficie de la tierra, hasta que arrastró al pueblo a una destrucción completa y a un infierno eterno.
Sí, es el mismo ser que inculcó en el corazón de Gadiantón que continuara las obras de tinieblas y de asesinatos secretos; y él lo ha propagado desde el principio del hombre hasta hoy.
Y he aquí, es él el autor de todo pecado; y he aquí, él propaga sus obras de tinieblas y asesinatos secretos, y les transmite sus conspiraciones, y sus juramentos, y sus pactos, y sus planes de terrible maldad, de generación en generación, de acuerdo con el dominio que logre en el corazón de los hijos de los hombres.
Y he aquí, él había logrado mucho dominio en el corazón de los nefitas; sí, al grado de que se habían vuelto sumamente inicuos; sí, y la mayor parte de ellos se habían apartado del camino de la rectitud, y hollaron con los pies los mandamientos de Dios, y se apartaron a sus propios caminos, y se fabricaron ídolos con su oro y su plata.
Y sucedió que todas estas iniquidades vinieron sobre ellos en el término de no muchos años, al grado de que la mayor parte había venido sobre ellos en el año sesenta y siete del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi.
Y aumentaron en sus iniquidades en el año sesenta y ocho también, para la gran tristeza y lamentación de los justos.
Y así vemos que los nefitas empezaron a degenerar en la incredulidad, y a aumentar en la perversidad y abominaciones, mientras que los lamanitas empezaron a crecer en gran manera en el conocimiento de su Dios; sí, empezaron a guardar sus estatutos y mandamientos, y a caminar en verdad y rectitud delante de él. Y así vemos que el Espíritu del Señor empezó a retirarse de los nefitas a causa de la iniquidad y la dureza de sus corazones. Y así vemos que el Señor comenzó a derramar su Espíritu sobre los lamanitas, por motivo de su inclinación y disposición a creer en sus palabras.
Y sucedió que los lamanitas persiguieron a la banda de ladrones de Gadiantón; y predicaron la palabra de Dios entre la parte más inicua de ellos, de modo que esta banda de ladrones quedó enteramente destruida entre los lamanitas.
Y aconteció, por otra parte, que los nefitas los reforzaron y los apoyaron, empezando por los más perversos de entre ellos, hasta que se hubieron extendido por toda la tierra de los nefitas, y hubieron seducido a la mayor parte de los justos, hasta que hubieron llegado a creer en sus obras, y participar de su botín, y unirse a ellos en sus secretos asesinatos y combinaciones.
Y de este modo lograron la administración exclusiva del gobierno, al grado de que hollaron con los pies, e hirieron y maltrataron y volvieron la espalda a los pobres y a los mansos, y a los humildes discípulos de Dios. Y así vemos que se hallaban en un estado terrible, y que estaban madurando para una destrucción sempiterna. Y sucedió que así concluyó el año sesenta y ocho del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi.