Porque el Señor de este modo me habló con mano fuerte,
y me instruyó que no anduviese por el camino de este pueblo, diciendo:
No llaméis conspiración a todo lo que este pueblo llama conspiración;
ni temáis lo que ellos temen,
ni tengáis miedo.
Al Señor de los Ejércitos santificad;
y sea él vuestro temor,
y sea él vuestro miedo.
Y él será por santuario;
pero por tropezadero y piedra de tropiezo a las dos casas de Israel;
por trampa y lazo a los habitantes de Jerusalén.
Y muchos de ellos tropezarán y caerán;
y serán quebrantados, entrampados y apresados.
Ata el testimonio;
sella la ley entre mis discípulos.
Y yo esperaré al Señor,
el cual oculta su cara de la casa de Jacob,
y en él confiaré.
He aquí, yo y los hijos que el Señor me ha dado
somos a Israel por señales y presagios
de parte del Señor de los Ejércitos,
que habita en el monte de Sion.
Y cuando os dijeren:
Preguntad a los evocadores,
y a los adivinos que atisban y hablan entre dientes:
¿No debe un pueblo consultar a su Dios
para que los vivos oigan de los muertos?
¡A la ley y al testimonio!
Y si no hablaren conforme a esta palabra,
es porque no hay luz en ellos.
Y pasarán por la tierra, duramente acosados y hambrientos;
y acontecerá que cuando tengan hambre,
se enojarán y maldecirán a su rey y a su Dios,
y alzarán la vista hacia arriba.
Y mirarán hacia la tierra, y contemplarán tribulación y tinieblas, obscuridad de angustia;
y serán expulsados a las tinieblas.