Nefi cita a Isaías

La llamada y visión de Isaías

2 Nephi 16:1–4

Isaías ve en visión a Dios en su trono.

En el año en que murió el rey Uzías,
vi también al Señor sentado sobre un trono alto y enaltecido,
y las faldas de su ropa llenaban el templo.

Encima del trono estaban los serafines;
cada uno de ellos tenía seis alas;
con dos se cubrían el rostro,
con dos los pies,
y con dos volaban.

Y el uno exclamaba al otro, diciendo:
¡Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos;
toda la tierra está llena de su gloria!

Y a la voz del que clamaba, se estremecieron los quiciales de las puertas,
y la casa se llenó de humo.

2 Nephi 16:5

Isaías lamenta su indignidad.

Entonces dije yo:

“¡Ay de mí!, pues soy perdido;
porque soy hombre de labios inmundos,
y habito entre un pueblo de labios inmundos;
por cuanto mis ojos han visto al Rey,
el Señor de los Ejércitos.”

2 Nephi 16:6–8

Isaías es limpiado de su pecado; Dios lo llama para ser un profeta.

Entonces voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en la mano,
el cual había tomado del altar con las tenazas;
y tocó con él sobre mi boca,
y dijo:

He aquí, esto ha tocado tus labios,
y tu iniquidad es quitada,
y borrado es tu pecado.

Y luego oí la voz del Señor decir:

¿A quién enviaré,
y quién irá por nosotros?

Entonces dije:

Heme aquí, envíame a mí.

2 Nephi 16:9–10

Dios instruye a Isaías para que predique a la gente incrédula y de corazón endurecido.

Y él dijo: Ve y di a este pueblo:

Oíd bien, mas no entendieron;
ved por cierto, mas no percibieron.

Deja que se endurezca el corazón de este pueblo,
y que se entorpezcan sus oídos,
y que sean cerrados sus ojos;

no sea que vea con sus ojos,
y oiga con sus oídos,
y entienda con su corazón,
y sea convertido y sanado.

2 Nephi 16:11

Isaías pregunta a Dios cuánto tiempo seguirá la gente sin creer.

Yo entonces dije:

Señor, ¿hasta cuándo?

2 Nephi 16:11–13

Dios responde que será así hasta que la gente sea dispersada y un remanente sea traído de vuelta.

Y él respondió:

Hasta que las ciudades queden asoladas y sin habitantes,
y las casas sin hombre,
y la tierra enteramente desierta;

y el Señor haya echado lejos a los hombres,
porque habrá gran desolación en medio de la tierra.

Mas todavía quedará una décima parte,
y volverá,
y será consumida;
como el terebinto y como la encina que guardan en sí su substancia cuando echan sus hojas;
así la santa semilla será su substancia.