El sermón de Jacob

Las leyes y juicios de Dios

2 Nephi 9:25

La ley divina hace posible la misericordia divina.

Por tanto, él ha dado una ley; y donde no se ha dado ninguna ley, no hay castigo; y donde no hay castigo, no hay condenación; y donde no hay condenación, las misericordias del Santo de Israel tienen derecho a reclamarlos por motivo de la expiación; porque son librados por el poder de él.

2 Nephi 9:26–27

Los que no tienen ley no son responsables; los que rechazan la ley a sabiendas están malditos.

Porque la expiación satisface lo que su justicia demanda de todos aquellos a quienes no se ha dado la ley, por lo que son librados de ese terrible monstruo, muerte e infierno, y del diablo, y del lago de fuego y azufre, que es tormento sin fin; y son restaurados a ese Dios que les dio aliento, el cual es el Santo de Israel. ¡Pero ay de aquel a quien la ley es dada; sí, que tiene todos los mandamientos de Dios, como nosotros, y que los quebranta, y malgasta los días de su probación, porque su estado es terrible!

2 Nephi 9:28–29

Muchas personas sabias rechazan el consejo divino; la sabiduría es buena cuando está en armonía con los consejos de Dios.

¡Oh ese sutil plan del maligno! ¡Oh las vanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben por sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán. Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios.

2 Nephi 9:30–38

¡Ay de los ricos, sordos, ciegos, rompedores del pacto, mentirosos, asesinos, adúlteros, idólatras, no arrepentidos!

Mas ¡ay de los ricos, aquellos que son ricos según las cosas del mundo!
Pues porque son ricos desprecian a los pobres,
y persiguen a los mansos,
y sus corazones están en sus tesoros;
por tanto, su tesoro es su dios.

Y he aquí, su tesoro perecerá con ellos también.

¡Ay de los sordos que no quieren oír!,
porque perecerán.

¡Ay de los ciegos que no quieren ver!,
porque perecerán también.

¡Ay de los incircuncisos de corazón!,
porque el conocimiento de sus iniquidades los herirá en el postrer día.

¡Ay del embustero!,
porque será arrojado al infierno.

¡Ay del asesino que mata intencionalmente!,
porque morirá.

¡Ay de los que cometen fornicaciones!,
porque serán arrojados al infierno.

Sí, ¡ay de aquellos que adoran ídolos!,
porque el diablo de todos los diablos se deleita en ellos.

Y en fin, ¡ay de todos aquellos que mueren en sus pecados!,
porque volverán a Dios,
y verán su rostro y quedarán en sus pecados.