El sermón de Jacob

La restauración de Israel

2 Nephi 10:1–2

Al día siguiente, Jacob continúa, enseñando sobre la restauración de Israel.

Y ahora bien, yo, Jacob, os hablo otra vez, amados hermanos míos, concerniente a esta rama justa de la cual he hablado. Pues he aquí, las promesas que hemos logrado son promesas para nosotros según la carne; por tanto, así como se me ha manifestado que muchos de nuestros hijos perecerán en la carne a causa de la incredulidad, Dios, sin embargo, tendrá misericordia de muchos; y nuestros hijos serán restaurados para que obtengan aquello que les dará el verdadero conocimiento de su Redentor.

2 Nephi 10:3–6

Cristo vendrá entre los Judíos de Jerusalén, pues son los únicos que crucificarían a su Dios; otras naciones lo habrían creído y se habrían arrepentido.
Por tanto, como os dije, debe ser menester que Cristo —pues anoche me dijo el ángel que ese sería su nombre— venga entre los judíos, entre aquellos que son de los más inicuos del mundo; y ellos lo crucificarán. Porque así conviene a nuestro Dios, y no hay ninguna otra nación sobre la tierra que crucificaría a su Dios. Porque si se efectuasen entre otras naciones los grandes milagros, se arrepentirían y sabrían que él es su Dios. Mas a causa de supercherías sacerdotales e iniquidades, los de Jerusalén endurecerán su cerviz contra él, para que sea crucificado. Así que, por motivo de sus iniquidades, vendrán sobre ellos destrucciones, hambres, pestes y efusión de sangre; y los que no sean destruidos serán dispersados entre todas las naciones.

2 Nephi 10:7–9

El Señor promete una reunión en los últimos días, en cumplimiento de la profecía anterior.

Pero he aquí, así dice el Señor Dios:

Cuando llegue el día en que crean en mí, que yo soy Cristo, he hecho convenio con sus padres que entonces serán restaurados en la carne, sobre la tierra, a las tierras de su herencia.

Y acontecerá que serán congregados de su larga dispersión, desde las islas del mar y desde las cuatro partes de la tierra; y serán grandes a mis ojos las naciones de los gentiles, dice Dios, en llevarlos a las tierras de su herencia.

Sí, los reyes de los gentiles les serán por ayos, y sus reinas por nodrizas; por tanto, grandes son las promesas del Señor a los gentiles, porque él lo ha dicho; y, ¿quién puede disputarlo?