Y sucedió que Omer empezó a envejecer; no obstante, en su vejez engendró a Emer; y ungió a Emer por rey para que reinara en su lugar. Y después de haber ungido a Emer por rey, gozó de paz en la tierra por el espacio de dos años, y murió, habiendo visto días extremadamente numerosos, los cuales fueron llenos de angustia. Y ocurrió que Emer reinó en su lugar, y siguió los pasos de su padre.
Y el Señor de nuevo empezó a retirar la maldición de sobre la tierra, y la casa de Emer prosperó grandemente bajo su reinado; y en el espacio de sesenta y dos años se habían hecho fuertes en extremo, de modo que llegaron a ser sumamente ricos, pues tenían toda clase de frutas y granos, y de sedas, y de lino fino, y de oro, y de plata, y de objetos preciosos; y también todo género de ganado, de bueyes, y vacas, y de ovejas, y de cerdos, y de cabras, y también muchas otras clases de animales que eran útiles para el sustento del hombre. Y también tenían caballos y asnos, y había elefantes y curelomes y cumomes, todos los cuales eran útiles para el hombre, y más particularmente los elefantes y curelomes y cumomes.
Y así fue como el Señor derramó sus bendiciones sobre esta tierra, que era escogida sobre todas las demás tierras; y mandó que quienes poseyeran la tierra, la poseyeran para los fines del Señor, o serían destruidos cuando hubiesen madurado en la iniquidad; porque sobre estos, dice el Señor,
derramaré la plenitud de mi ira.
Y Emer juzgó con rectitud todos los días de su vida, y engendró muchos hijos e hijas; y engendró a Coriántum, y ungió a Coriántum para que reinara en su lugar. Y después que hubo ungido a Coriántum para que reinara en su lugar, vivió cuatro años, y gozó de paz en la tierra; sí, aun vio al Hijo de Justicia, y se regocijó, y se glorió en su día; y murió en paz.