Y cuando Jesús hubo hablado estas palabras, vino otra vez a sus discípulos, y he aquí, oraban a él constantemente, sin cesar; y de nuevo él les sonrió; y he aquí, estaban blancos, aun como Jesús. Y aconteció que otra vez se alejó un poco y oró al Padre; y la lengua no puede expresar las palabras que oró, ni pueden ser escritas por hombre alguno las palabras que oró.