Lehitas en Jerusalén y Arabia

Escapar de Jerusalén

1 Nefi 2:1–2

Dios advierte a Lehi en el sueño a salir de Jerusalén, para escapar de las amenazas de muerte contra él.

Porque he aquí, aconteció que el Señor habló a mi padre, sí, aun en un sueño, y le dijo: Bendito eres tú, Lehi, por lo que has hecho; y porque has sido fiel, y has declarado a este pueblo las cosas que yo te mandé, he aquí, tratan de quitarte la vida. Y sucedió que el Señor le mandó a mi padre, en un sueño, que partiese para el desierto con su familia.

1 Nefi 2:3–5

Lehi obedece, sale de Jerusalén con su familia, y viaja a lo largo del Mar Rojo.

Y aconteció que fue obediente a la palabra del Señor; por tanto, hizo lo que el Señor le mandó. Y ocurrió que salió para el desierto; y abandonó su casa, y la tierra de su herencia, y su oro, su plata y sus objetos preciosos, y no llevó nada consigo, salvo a su familia, y provisiones y tiendas, y se dirigió al desierto. Y descendió por los contornos cerca de las riberas del Mar Rojo, y viajó por el desierto por los lados que están más próximos a este mar; y viajó por el desierto con su familia, integrada por Saríah, mi madre, y Lamán, Lemuel y Sam, mis hermanos mayores.

1 Nefi 2:6–7, 15, 10:16, 16:6, 9:1

Lehi y su familia se establecen en un lugar al que llaman el valle de Lemuel, acampan, construyen un altar y adoran a Dios.

Y aconteció que después de haber viajado tres días por el desierto, asentó su tienda en un valle situado a la orilla de un río de agua. Y sucedió que erigió un altar de piedras y presentó una ofrenda al Señor, y dio gracias al Señor nuestro Dios. Y vivía mi padre en una tienda. Y todas estas cosas mi padre vio, oyó y dijo mientras vivía en una tienda en el valle de Lemuel, como también muchísimas otras cosas más que no se pueden escribir sobre estas planchas. Y todas estas cosas, de las cuales he hablado, sucedieron mientras mi padre vivía en una tienda en el valle de Lemuel. Ahora bien, todas estas cosas se dijeron y se hicieron mientras mi padre vivía en una tienda en el valle al que dio el nombre de Lemuel.

1 Nefi 2:11–13

Dos hijos mayores de Lehi , Lamán y Lemuel, se quejan, y no creen en las palabras de su padre.

Esto habló por causa de la dureza de cerviz de Lamán y Lemuel; pues he aquí, murmuraban contra su padre en muchas cosas, porque era un hombre visionario, y los había sacado de la tierra de Jerusalén, abandonando la tierra de su herencia, y su oro, y su plata y sus objetos preciosos, para perecer en el desierto. Y decían que había hecho esto por motivo de las locas imaginaciones de su corazón. Y así era como Lamán y Lemuel, que eran los mayores, murmuraban en contra de su padre; y hacían esto porque no conocían la manera de proceder de aquel Dios que los había creado. Ni creían tampoco que aquella gran ciudad de Jerusalén pudiera ser destruida conforme a las palabras de los profetas; y eran semejantes a los judíos que estaban en Jerusalén, los cuales procuraban quitarle la vida a mi padre.

1 Nefi 2:8–10, 14

Lehi, observando el paisaje, aconseja a sus hijos mayores, Lamán y Lemuel, que dejen de quejarse y confien en Dios.

Y al río que desaguaba en el Mar Rojo dio el nombre de Lamán; y el valle se extendía por las riberas del río y llegaba hasta cerca de su desembocadura. Y cuando mi padre vio que las aguas del río desembocaban en la fuente del Mar Rojo, habló a Lamán, diciendo: ¡Oh, si fueras semejante a este río, fluyendo continuamente en la fuente de toda rectitud! Y dijo también a Lemuel: ¡Oh, si fueras tú semejante a este valle, firme, constante e inmutable en guardar los mandamientos del Señ or! Y aconteció que mi padre les habló en el valle de Lemuel con poder, pues estaba lleno del Espíritu, al grado de que sus cuerpos temblaron delante de él, y los confundió, de modo que no osaron hablar contra él; por tanto, hicieron lo que él les mandó.

1 Nefi 2:14

Lamán y Lemuel están profundamente conmovidos por las palabras de su padre, y le obedecen.

Y aconteció que mi padre les habló en el valle de Lemuel con poder, pues estaba lleno del Espíritu, al grado de que sus cuerpos temblaron delante de él, y los confundió, de modo que no osaron hablar contra él; por tanto, hicieron lo que él les mandó.

1 Nefi 2:16

Nefi, después de haber oído lo que dijo su padre, ora al respecto.

Y sucedió que yo, Nefi, siendo muy joven todavía, aunque grande de estatura, y teniendo grandes deseos de conocer los misterios de Dios, clamé por tanto al Señor; y he aquí que él me visitó y enterneció mi corazón, de modo que creí todas las palabras que mi padre había hablado; así que no me rebelé en contra de él como lo habían hecho mis hermanos.

1 Nefi 2:16

La veracidad de las palabras de Lehi se confirman en el corazón de Nefi.

Y sucedió que yo, Nefi, siendo muy joven todavía, aunque grande de estatura, y teniendo grandes deseos de conocer los misterios de Dios, clamé por tanto al Señor; y he aquí que él me visitó y enterneció mi corazón, de modo que creí todas las palabras que mi padre había hablado; así que no me rebelé en contra de él como lo habían hecho mis hermanos.

1 Nefi 2:17–18

Nefi comparte su experiencia con su hermano Sam, que cree, y Lamán y Lemuel, no creen.

Y le hablé a Sam, declarándole las cosas que el Señor me había manifestado por medio de su Santo Espíritu. Y aconteció que él creyó en mis palabras. Mas he aquí, Lamán y Lemuel no quisieron escuchar mis palabras; por lo que, afligido por la dureza de sus corazones, rogué al Señor por ellos.

1 Nefi 2:19–24

Nefi recibe una revelación asegurándole de la bendición que viene de la obediencia a los mandamientos de Dios, se le dice que él es parte de un plan más amplio: una peregrinación a una tierra prometida.

Y aconteció que el Señor me habló, diciendo: Bendito eres tú, Nefi, a causa de tu fe, porque me has buscado diligentemente con humildad de corazón. Y según guardéis mis mandamientos, prosperaréis y seréis conducidos a una tierra de promisión, sí, a una tierra que yo he preparado para vosotros, una tierra escogida sobre todas las demás. Y según se rebelen tus hermanos contra ti, serán separados de la presencia del Señor. Y según tú guardes mis mandamientos, serás puesto por gobernante y maestro sobre tus hermanos. Porque he aquí, el día en que se rebelaren contra mí, yo los maldeciré con penosa maldición, y no tendrán ningún poder sobre tu posteridad, a menos que ella también se rebelare contra mí. Y si tu posteridad se rebelare contra mí, ellos les serán por azote a tus descendientes, para estimularlos a que se acuerden de mí.

1 Nefi 3:1

Nefi va a la tienda de Lehi.

Y aconteció que después de hablar con el Señor, yo, Nefi, volví a la tienda de mi padre.

1 Nefi 3:2–6, 5:16

Lehi habla a Nefi de las instrucciones que recibió del Señor de que Nefi y sus hermanos vuelvan a Jerusalén para recuperar los registros históricos y genealógicos de su familia: las planchas de bronce, que actualmente están en manos de un hombre de Jerusalén llamado Labán.

Y sucedió que me habló, diciendo: He aquí, he soñado un sueño, en el que el Señor me ha mandado que tú y tus hermanos volváis a Jerusalén. Pues he aquí, Labán tiene los anales de los judíos, así como una genealogía de mis antepasados; y están grabados sobre planchas de bronce. Por lo que el Señor me ha mandado que tú y tus hermanos vayáis a la casa de Labán, y procuréis los anales y los traigáis aquí al desierto. Y he aquí, tus hermanos murmuran, diciendo que lo que yo les he requerido es cosa difícil; pero no soy yo quien se lo requiere, sino que es un mandamiento del Señor. Por lo tanto, ve tú, hijo mío, y el Señor te favorecerá porque no has murmurado. Así fue que mi padre Lehi descubrió la genealogía de sus antepasados. Y Labán también era descendiente de José, por lo que él y sus padres habían llevado los anales.

1 Nefi 3:7–8

Nefi acepta las instrucciones del Señor entregadas por Lehi.

Y sucedió que yo, Nefi, dije a mi padre: Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado. Y aconteció que mi padre quedó altamente complacido al oír estas palabras, porque comprendió que el Señor me había bendecido.