Y aconteció que me dijo el ángel: Mira y ve a tu posteridad y también la posteridad de tus hermanos. Y miré, y vi la tierra de promisión; y vi multitudes de gentes, sí, cual si fuera en tan inmenso número como la arena del mar.
Y sucedió que vi a las multitudes reunidas para combatir unas contra otras; y vi guerras y rumores de guerras, y vi la gran mortandad causada por la espada entre los de mi pueblo. Y aconteció que vi pasar muchas generaciones en guerras y contiendas en la tierra; y vi un gran número de ciudades, sí, tantas que no las conté.
Y aconteció que vi un vapor de tinieblas sobre la faz de la tierra de promisión; y vi relámpagos, y oí truenos y terremotos y toda clase de ruidos estrepitosos; y vi que se hendieron las rocas y la tierra; y vi montañas desplomarse en pedazos; y vi las llanuras tornarse escabrosas; y vi que se hundieron muchas ciudades; y vi que muchas otras fueron abrasadas por fuego; y vi muchas que cayeron a tierra por causa de los terremotos. Y sucedió que después de presenciar estas cosas, vi que el vapor de tinieblas desaparecía de sobre la faz de la tierra; y he aquí, vi multitudes que no habían caído a causa de los grandes y terribles juicios del Señor.
Y vi abrirse los cielos, y al Cordero de Dios que descendía del cielo; y bajó y se manifestó a los que no habían caído.
Y también vi y doy testimonio de que el Espíritu Santo descendió sobre otros doce; y fueron ordenados de Dios, y escogidos. Y el ángel me habló, diciendo: He aquí los doce discípulos del Cordero que han sido escogidos para ministrar a los de tu descendencia. Y me dijo: ¿Te acuerdas de los doce apóstoles del Cordero? He aquí, ellos son los que juzgarán a las doce tribus de Israel; por tanto, los doce ministros de tu posteridad serán juzgados por ellos, pues vosotros sois de la casa de Israel. Y estos doce ministros que tú ves juzgarán a tu posteridad. Y he aquí, son justos para siempre; porque a causa de su fe en el Cordero de Dios, sus vestidos son emblanquecidos en su sangre.
Y el ángel me dijo: ¡Mira! Y miré, y vi que murieron en rectitud tres generaciones; y sus vestidos eran blancos, así como los del Cordero de Dios; y me dijo el ángel: Éstos son emblanquecidos en la sangre del Cordero, a causa de su fe en él. Y yo, Nefi, también vi a muchos de los de la cuarta generación que murieron en rectitud.