Las profecías y las enseñanzas de Nefi

La apostasía social y eclesiástica

2 Nephi 28:1–2

El contenido del Libro de Mormón será muy valioso.

Y ahora bien, hermanos míos, he aquí que os he hablado según el Espíritu me ha constreñido; por tanto, sé que ciertamente se han de verificar.

Y las cosas que se escribirán, procedentes del libro, serán de gran valor para los hijos de los hombres, y particularmente para nuestra posteridad, que es un resto de la casa de Israel.

2 Nephi 28:3–4

Cada iglesia afirmará ser la iglesia verdadera.

Porque sucederá en aquel día que las iglesias que se hayan establecido, mas no para el Señor, dirán la una a la otra:

¡He aquí que yo, yo soy la del Señor!;

y dirán las demás:

¡Yo, yo soy la del Señor!

Y así hablarán todos los que hayan establecido iglesias, mas no para el Señor; y contenderán una con otra; y sus sacerdotes disputarán entre sí, y enseñarán con su conocimiento, y negarán al Espíritu Santo, el cual inspira a hablar.

2 Nephi 28:5–6

Negando el poder de Dios, las iglesias afirmarán que los milagros y las revelaciones han terminado.

Y niegan el poder de Dios, el Santo de Israel, y dicen al pueblo: Escuchadnos y oíd nuestro precepto; pues he aquí, hoy no hay Dios, porque el Señor y Redentor ha acabado su obra y ha dado su poder a los hombres; he aquí, escuchad mi precepto: Si dijeren que hay un milagro hecho por la mano del Señor, no lo creáis, pues hoy ya no es un Dios de milagros; ya ha terminado su obra.

2 Nephi 28:7–10

Muchos afirmarán que la racionalización del pecado es aceptable.

Sí, y habrá muchos que dirán:

Comed, bebed y divertíos,
porque mañana moriremos;
y nos irá bien.

Y también habrá muchos que dirán:

Comed, bebed y divertíos;
no obstante, temed a Dios,
pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados;
sí, mentid un poco,
aprovechaos de alguno por causa de sus palabras,
tended trampa a vuestro prójimo;
en esto no hay mal;
y haced todas estas cosas,
porque mañana moriremos;

Y si es que somos culpables,
Dios nos dará algunos azotes,
y al fin nos salvaremos en el reino de Dios.

Sí, y habrá muchos que de esta manera enseñarán falsas, vanas e insensatas doctrinas; y se engreirán en sus corazones, y tratarán afanosamente de ocultar sus designios del Señor, y sus obras se harán en las tinieblas. Y la sangre de los santos clamará desde el suelo contra ellos.

2 Nephi 28:11–14

El orgullo y la doctrina falsa resultarán en la corrupción de la religión.

Sí, todos se han salido de la senda; se han corrompido. A causa del orgullo, y a causa de falsos maestros y falsa doctrina, sus iglesias se han corrompido y se ensalzan; se han infatuado a causa de su orgullo. Roban a los pobres por motivo de sus bellos santuarios; roban a los pobres por razón de sus ricas vestiduras; y persiguen a los mansos y a los pobres de corazón, porque se han engreído con su orgullo. Llevan erguida la cerviz, y enhiesta la cabeza; sí, y por motivo del orgullo, de la iniquidad, de abominaciones y fornicaciones, todos se han extraviado, salvo unos pocos que son los humildes discípulos de Cristo; sin embargo, son guiados de tal manera que a menudo yerran porque son enseñados por los preceptos de los hombres.

2 Nephi 28:15

Los maestros de falsas religiones son condenados al infierno.

¡Oh los sabios, los instruidos y los ricos que se inflan con el orgullo de sus corazones, y todos aquellos que predican falsas doctrinas, y todos aquellos que cometen fornicaciones y pervierten la vía correcta del Señor! ¡Ay, ay, ay de ellos, dice el Señor Dios Todopoderoso, porque serán arrojados al infierno!

2 Nephi 28:16–18

Los malvados morirán, pero el arrepentimiento puede salvarlos.

¡Ay de aquellos que repudian al justo por una pequeñez y vilipendian lo que es bueno, y dicen que no vale nada! Porque llegará el día en que el Señor Dios visitará súbitamente a los habitantes de la tierra; y el día en que hayan llegado al colmo sus iniquidades, perecerán.

Mas he aquí, si los habitantes de la tierra se arrepienten de sus iniquidades y abominaciones, no serán destruidos, dice el Señor de los Ejércitos. Mas he aquí, esa grande y abominable iglesia, la ramera de toda la tierra, tendrá que desplomarse, y grande será su caída.