¡Oh amados hermanos míos, arrepentíos, pues, y entrad por la puerta estrecha, y continuad en el camino que es angosto, hasta que obtengáis la vida eterna! ¡Oh, sed prudentes! ¿Qué más puedo decir? Por último, me despido de vosotros, hasta que os vuelva a ver ante el placentero tribunal de Dios, tribunal que hiere al malvado con terrible espanto y miedo. Amén.