La Alegoría del Olivo

Evitando Mayor Decaimiento Injertando y Quemando

Jacob 5:49

El amo exasperado, ahora conocido como el Señor de la viña, propone cortar todos los árboles y quemarlos.

Y aconteció que el Señor de la viña dijo al siervo:

Vayamos y cortemos los árboles de la viña y echémoslos al fuego para que no obstruyan el terreno de mi viña, porque he hecho todo. ¿Qué más pude yo haber hecho por mi viña?

Jacob 5:50

El siervo sugiere esperar un poco más.

Mas he aquí, el siervo dijo al Señor de la viña:

Déjala un poco más.

Jacob 5:51–54

El Señor de la viña está de acuerdo, y planea quitar los vástagos y injertarlos de nuevo en el árbol del que provienen, y quitar las ramas silvestres de ese árbol.

Y dijo el Señor:

“Sí, la dejaré un poco más, porque me aflige que tenga que perder los árboles de mi viña. Por tanto, tomemos algunas de las ramas de estos que he plantado en las partes más bajas de mi viña, e injertémoslas en el árbol del cual procedieron; y arranquemos del árbol esas ramas cuyo fruto es el más amargo, e injertemos en su lugar las ramas naturales del árbol. Y haré esto para que no perezca el árbol, a fin de que quizá preserve sus raíces para mi propio fin. Y he aquí, todavía están vivas las raíces de las ramas naturales del árbol que planté donde me pareció bien; por tanto, a fin de que yo las conserve también para mi propio fin, tomaré de las ramas de este árbol, y las injertaré en ellas. Sí, injertaré en ellas las ramas de su árbol original, para que yo preserve también las raíces para mí, para que cuando lleguen a tener suficiente fuerza tal vez me produzcan buen fruto, y me gloríe aún en el fruto de mi viña.”

Jacob 5:55–56

Ellos actúan de acuerdo al plan, injertando de nuevo todas las ramas en su árbol original.

Y aconteció que tomaron del árbol natural que se había vuelto silvestre, e injertaron en los árboles naturales que también se habían vuelto silvestres. Y también tomaron de los árboles naturales que se habían vuelto silvestres, e injertaron en su árbol original.

Jacob 5:57–59

Tras el injerto, el Señor de la viña le dice al siervo que guarde las ramas silvestres y que solo quite las peores.

Y el Señor de la viña dijo al siervo:

No arranques las ramas silvestres de los árboles, sino aquellas que son las más amargas; y en ellas injertarás de acuerdo con lo que he dicho. Y de nuevo nutriremos los árboles de la viña, y podaremos sus ramas; y arrancaremos de los árboles aquellas ramas que han madurado, que deben perecer, y las echaremos al fuego.

Y hago esto para que quizá sus raíces se fortalezcan a causa de su buena calidad; y que, a causa del cambio de ramas, lo bueno sobrepuje a lo malo.