Y el Dios de nuestros padres, que fueron llevados fuera de Egipto, fuera de la servidumbre, y a quienes también preservó en el desierto, sí, el Dios de Abraham, y de Isaac, y el Dios de Jacob se entrega a sí mismo como hombre, según las palabras del ángel, en manos de hombres inicuos para ser levantado, según las palabras de Zenoc, y para ser crucificado, según las palabras de Neum, y para ser enterrado en un sepulcro, de acuerdo con las palabras de Zenós, palabras que él habló tocante a tres días de tinieblas, los cuales serán una señal de su muerte que se dará a los que habitaren las islas del mar, y más especialmente dada a los que son de la casa de Israel.