Y ahora bien, os digo que vendrá el tiempo en que la salvación del Señor será declarada a toda nación, tribu, lengua y pueblo.
¡Sí, tus centinelas levantarán sus voces, oh Señor! Unánimes cantarán, porque verán ojo a ojo, cuando el Señor hiciere volver a Sion.
¡Prorrumpid en gozo! ¡Cantad juntamente, soledades de Jerusalén! Porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha redimido a Jerusalén.
El Señor ha desnudado su santo brazo a la vista de todas las naciones, y todos los extremos de la tierra verán la salvación de nuestro Dios.
Y ahora bien, aconteció que después que Abinadí hubo hablado estas palabras, extendió la mano y dijo:
Vendrá el día en que todos verán la salvación del Señor; en que toda nación, tribu, lengua y pueblo verán ojo a ojo, y confesarán ante Dios que sus juicios son justos.
Y entonces los malvados serán echados fuera, y tendrán motivo para aullar y llorar, lamentar y crujir los dientes; y esto porque no quisieron escuchar la voz del Señor; por tanto, el Señor no los redime. Porque son carnales y diabólicos, y el diablo tiene poder sobre ellos; sí, aquella antigua serpiente que engañó a nuestros primeros padres, que fue la causa de su caída; que fue la causa de que toda la humanidad llegara a ser carnal, sensual y diabólica, discerniendo el mal del bien, y sujetándose al diablo.
De modo que toda la humanidad estaba perdida; y he aquí, se habría perdido eternamente si Dios no hubiese rescatado a su pueblo de su estado caído y perdido. Pero recordad que quien persiste en su propia naturaleza carnal, y sigue las sendas del pecado y la rebelión contra Dios, permanece en su estado caído, y el diablo tiene todo poder sobre él. Por tanto, queda como si no se hubiera hecho ninguna redención, siendo enemigo de Dios; y también el diablo es enemigo de Dios.