Y aconteció que Limhi y su pueblo volvieron a la ciudad de Nefi, y nuevamente empezaron a habitar la tierra en paz. Y aconteció que después de muchos días, los lamanitas empezaron otra vez a incitarse a la ira contra los nefitas, y empezaron a introducirse por las fronteras de la tierra circunvecina.
Ahora bien, no se atrevían a matarlos, a causa del juramento que su rey había hecho a Limhi; pero los golpeaban en las mejillas e imponían su autoridad sobre ellos; y empezaron a poner pesadas cargas sobre sus hombros, y a arrearlos como lo harían a un mudo asno. Sí, se hizo todo esto para que se cumpliera la palabra del Señor. Y las aflicciones de los nefitas eran grandes; y no había manera de que se libraran de las manos de los lamanitas, porque estos los habían cercado por todos lados.
Y aconteció que el pueblo empezó a quejarse al rey a causa de sus aflicciones, y empezaron a sentir deseos de salir a la batalla en contra de los lamanitas. Y molestaron gravemente al rey con sus quejas; por lo que él les permitió que obrasen según sus deseos.
Y se congregaron otra vez, y se pusieron sus armaduras, y salieron contra los lamanitas para echarlos fuera de su tierra. Y aconteció que los lamanitas los vencieron y los rechazaron, y mataron a muchos de ellos. Y hubo gran llanto y lamentación entre los del pueblo de Limhi, la viuda llorando por su marido, el hijo y la hija llorando por su padre, y los hermanos por sus hermanos. Ahora bien, había muchas viudas en la tierra, y lloraban con todas sus fuerzas día tras día, porque se había apoderado de ellas un temor inmenso a los lamanitas.
Y aconteció que sus continuos llantos provocaron al resto del pueblo de Limhi a la ira contra los lamanitas; y salieron a la batalla otra vez; pero se vieron nuevamente rechazados, sufriendo muchas pérdidas. Sí, y salieron aun por tercera vez, y sufrieron la misma suerte; y los que no fueron muertos se volvieron a la ciudad de Nefi.
Y se humillaron aun hasta el polvo, sujetándose al yugo de la esclavitud, sometiéndose a ser heridos, y a ser arreados de un lado a otro y a llevar cargas, según la voluntad de sus enemigos. Y se humillaron hasta lo más profundo de la humildad y clamaron fuertemente a Dios; sí, todo el día clamaban ellos a su Dios para que los librara de sus aflicciones.
Ahora bien, el Señor fue lento en oír su clamor a causa de sus iniquidades; sin embargo, oyó sus clamores y empezó a ablandar el corazón de los lamanitas, de modo que empezaron a aligerar sus cargas; no obstante, el Señor no juzgó oportuno librarlos del cautiverio.
Y ocurrió que empezaron a prosperar gradualmente en la tierra, y comenzaron a producir grano con más abundancia, y rebaños y ganados; de modo que no padecieron hambre.
Mas había un gran número de mujeres, mayor que el que había de hombres; por tanto, el rey Limhi mandó que cada hombre diera para el sostén de las viudas y sus hijos, a fin de que no perecieran de hambre; e hicieron esto a causa del gran número que había sido muerto.
Ahora bien, el pueblo de Limhi se conservaba unido en un cuerpo hasta donde le era posible; y aseguraron sus granos y sus rebaños; y el rey mismo no arriesgaba su persona fuera de los muros de la ciudad sin llevar a sus guardias consigo, temiendo caer de una u otra manera en manos de los lamanitas.
Y aconteció que no hubo más disturbios entre los lamanitas y el pueblo de Limhi, aun hasta el tiempo en que Ammón y sus hermanos llegaron a la tierra.