Recolonización de la tierra de Nefi

El Reino de Zeniff en Lehi-Nefi y Shilom

Mosiah 9:8–9

El pueblo de Zeniff habita en la tierra.

Y empezamos a construir edificios y a reparar los muros de la ciudad; sí, las murallas de la ciudad de Lehi-Nefi y de la ciudad de Shilom. Y empezamos a cultivar la tierra, sí, con toda clase de semillas, con semillas de maíz, de trigo y de cebada, con neas y con sheum, y con semillas de toda clase de frutas; y empezamos a multiplicarnos y a prosperar en la tierra.

Mosiah 9:11–13

Surgen tensiones entre el pueblo de Zeniff y los Lamanitas.

Por tanto, sucedió que después que hubimos vivido en la tierra por el término de doce años, el rey Lamán empezó a inquietarse, por si de alguna manera mi pueblo se hacía fuerte en la tierra, y así ellos no podrían dominarlo y esclavizarlo. Porque eran una gente perezosa e idólatra; por tanto, deseaban hacernos sus esclavos a fin de hartarse con el trabajo de nuestras manos; sí, para saciarse con los rebaños de nuestros campos. Por tanto, aconteció que el rey Lamán comenzó a incitar a su pueblo para que contendiera con el mío; por lo que empezó a haber guerras y contiendas en la tierra.

Mosiah 9:14–19

Estalla una batalla entre los dos grupos, pero el pueblo de Zeniff, debido a su fe, resulta victorioso con una proporción de bajas de 3043 a 279.

Porque en el decimotercer año de mi reinado en la tierra de Nefi, estando mi pueblo abrevando y apacentando sus rebaños y cultivando sus tierras, allá al sur de la tierra de Shilom vino sobre ellos una numerosa hueste de lamanitas, y empezaron a matarlos y a llevarse sus rebaños y el maíz de sus campos. Sí, y ocurrió que huyeron, todos aquellos a quienes no alcanzaron, hasta la ciudad de Nefi, y me pidieron protección. Y aconteció que los armé con arcos y con flechas, con espadas y con cimitarras, con mazas y con hondas, y con cuanto género de armas pudimos inventar; y yo y mi pueblo salimos a la batalla en contra de los lamanitas. Sí, con la fuerza del Señor salimos a la batalla contra los lamanitas; porque yo y mi pueblo clamamos fervientemente al Señor para que nos librara de las manos de nuestros enemigos, porque se despertó en nosotros el recuerdo de la liberación de nuestros padres. Y Dios oyó nuestro clamor y contestó nuestras oraciones; y salimos con su fuerza; sí, salimos contra los lamanitas, y en un día y una noche matamos a tres mil cuarenta y tres; los matamos hasta que los hubimos expulsado de nuestra tierra. Y yo mismo con mis propias manos ayudé a enterrar a sus muertos. Y he aquí, para nuestro gran pesar y lamentación, doscientos setenta y nueve de nuestros hermanos fueron muertos.

Mosiah 10:1–5

Un período de reconstrucción sigue, en el cual el pueblo de Zeniff fortalece sus poderes militares e industriales; veintidós años pasan en paz y prosperidad.

Y sucedió que de nuevo empezamos a establecer el reino y a poseer otra vez la tierra en paz. Y mandé hacer armas de guerra de todas clases, para que de ese modo yo tuviera armas para mi pueblo, para el día en que los lamanitas volvieran a la guerra contra mi pueblo. Y puse guardias alrededor de la tierra, a fin de que los lamanitas no cayesen de nuevo de improviso sobre nosotros y nos destruyesen; y así protegí a mi pueblo y mis rebaños, y evité que cayeran en manos de nuestros enemigos. Y sucedió que heredamos la tierra de nuestros padres durante muchos años; sí, por el espacio de veintidós años. E hice que los hombres cultivaran la tierra y produjeran granos y frutos de todas clases. E hice que las mujeres hilaran y se afanaran, y trabajaran y tejieran toda suerte de linos finos; sí, y telas de todas clases para que cubriéramos nuestra desnudez; y así prosperamos en la tierra, así gozamos de continua paz en la tierra por el espacio de veintidós años.

Mosiah 10:6

El rey Lamán muere, y su hijo asume el trono.

Y aconteció que el rey Lamán murió, y su hijo empezó a reinar en su lugar.

Mosiah 10:6

El nuevo rey tiene planes siniestros para la gente de Zeniff.

Y empezó a incitar a su pueblo a rebelarse en contra del mío; así que comenzaron a prepararse para la guerra y para venir a la batalla contra mi pueblo.

Mosiah 10:7

Zeniff envía espías para aprender sobre los planes de los lamanitas.

Mas yo había enviado a mis espías a los alrededores de la tierra de Shemlón, para descubrir sus preparativos, para guardarme de ellos a fin de que no vinieran sobre mi pueblo y lo destruyeran.

Mosiah 10:9

Zeniff hace preparativos para la guerra.

Y aconteció que hice que las mujeres y los niños de mi pueblo se ocultaran en el desierto; e hice también que todos mis hombres ancianos que podían llevar armas, así como todos mis hombres jóvenes que podían portar armas, se reunieran para ir a la batalla contra los lamanitas; y los coloqué en sus filas, cada hombre según su edad.

Mosiah 10:19, 11–18

Zeniff les cuenta a su pueblo la verdad sobre los lamanitas con respecto a su historia y cultura política.

Y ahora bien, yo, Zeniff, después de haber dicho todas estas cosas acerca de los lamanitas a los de mi pueblo, los animé a que salieran a luchar con toda su fuerza y pusieran su confianza en el Señor;…cara a cara.

Mosiah 10:8

Los lamanitas comienzan un ataque.

Y sucedió que subieron por el lado norte de la tierra de Shilom, con sus numerosas huestes: hombres armados con arcos y con flechas, con espadas y con cimitarras, con piedras y con hondas; y llevaban afeitada y desnuda la cabeza, y estaban ceñidos con una faja de cuero alrededor de sus lomos.

Mosiah 10:19, 10, 20–21

Zeniff contraataca y sale victorioso.

Y ahora bien, yo, Zeniff, después de haber dicho todas estas cosas acerca de los lamanitas a los de mi pueblo, los animé a que salieran a luchar con toda su fuerza y pusieran su confianza en el Señor; por tanto, luchamos contra ellos cara a cara.


Y aconteció que salimos a la batalla contra los lamanitas, y hasta yo, en mi avanzada edad, fui a la batalla contra los lamanitas. Y ocurrió que salimos a la lid con la fuerza del Señor.


Y aconteció que nuevamente los echamos de nuestra tierra, y los matamos con gran mortandad, tantos que no los contamos. Y aconteció que de nuevo volvimos a nuestra propia tierra, y mi pueblo empezó otra vez a guardar sus rebaños y a cultivar sus tierras.