Ahora bien, si no hubiese sido por el plan de redención, que fue establecido desde la fundación del mundo, no habría habido resurrección de los muertos; mas se instituyó un plan de redención que llevará a efecto la resurrección de los muertos, de la cual se ha hablado.
Y he aquí, si nuestros primeros padres hubieran podido participar del árbol de la vida, habrían sido miserables para siempre, no teniendo un estado preparatorio; y de este modo, el plan de redención se habría frustrado, y la palabra de Dios hubiera quedado nula y sin efecto.
Mas he aquí, no fue así, antes bien se decretó que los hombres deben morir; y después de la muerte deben presentarse para ser juzgados, sí, ese mismo juicio de que hemos hablado, que es el fin.
Y después que Dios hubo dispuesto que estas cosas sobrevinieran a los hombres, he aquí, vio entonces que era necesario que estos supieran acerca de las cosas que él había dispuesto para ellos; por tanto, envió ángeles para conversar con ellos, los cuales hicieron que los hombres contemplaran la gloria de Dios.
Y de allí en adelante empezaron los hombres a invocar su nombre; por tanto, Dios conversó con ellos y les hizo saber del plan de redención que se había preparado desde la fundación del mundo; y esto él les manifestó según su fe y arrepentimiento y sus obras santas.
Por tanto, dio mandamientos a los hombres, habiendo estos transgredido previamente los primeros mandamientos concernientes a las cosas que eran temporales, llegando a ser como dioses, discerniendo el bien del mal, colocándose, o siendo colocados, en condiciones de actuar según su voluntad y placer, ya para hacer el mal, ya para hacer el bien;
por tanto, después de haberles dado a conocer el plan de redención, Dios les dio mandamientos de no cometer iniquidad, el castigo de lo cual sería una segunda muerte, que era una muerte eterna respecto de las cosas pertenecientes a la rectitud; porque en estos el plan de redención no tendría poder, pues de acuerdo con la suprema bondad de Dios, las obras de la justicia no podían ser destruidas.
Pero Dios llamó a los hombres, en el nombre de su Hijo (pues este era el plan de redención que se estableció), diciendo: Si os arrepentís, y no endurecéis vuestros corazones, entonces tendré misericordia de vosotros por medio de mi Hijo Unigénito; por tanto, el que se arrepienta, y no endurezca su corazón, tendrá derecho a reclamar la misericordia, por medio de mi Hijo Unigénito, para la remisión de sus pecados; y ellos entrarán en mi descanso. Y el que endureciere su corazón, y cometiere iniquidad, he aquí, juro en mi ira que no entrará en mi descanso.
Y ahora bien, hermanos míos, he aquí, os digo que si endurecéis vuestros corazones, no entraréis en el descanso del Señor; por tanto, vuestra iniquidad lo provoca a que él envíe su ira sobre vosotros como en la primera provocación, sí, según su palabra en la última provocación como también en la primera, para la eterna destrucción de vuestras almas; por tanto, según su palabra, para la última muerte, así como la primera.
Así pues, hermanos míos, ya que sabemos estas cosas, y son verdaderas, arrepintámonos y no endurezcamos nuestros corazones para no provocar al Señor nuestro Dios a que haga descender su ira sobre nosotros en estos, sus segundos mandamientos que nos ha dado; mas entremos en el descanso de Dios, que está preparado según su palabra.