Y aconteció que después que hubo recibido su mensaje del ángel del Señor, Alma se volvió prestamente a la tierra de Ammoníah. Y entró en la ciudad por otro camino; sí, por el que queda al sur de la ciudad de Ammoníah.
Y tuvo hambre al entrar en la ciudad, y dijo a un hombre:
¿Quieres dar algo de comer a un humilde siervo de Dios?
Y le dijo el hombre:
“Soy nefita, y sé que eres un santo profeta de Dios, porque tú eres el hombre de quien un ángel dijo en una visión:
“Tú lo recibirás.”Por tanto, ven conmigo a mi casa, y te daré de mi alimento; y sé que serás una bendición para mí y para mi casa.”
Y sucedió que este hombre lo recibió en su casa; y se llamaba Amulek; y trajo pan y carne y los puso delante de Alma. Y ocurrió que Alma comió pan y quedó satisfecho; y bendijo a Amulek y a su casa, y dio gracias a Dios.
Y después que hubo comido y quedado satisfecho, dijo a Amulek:
“Soy Alma, y soy el sumo sacerdote de la iglesia de Dios en toda esta tierra. Y he aquí, he sido llamado para predicar la palabra de Dios entre todo este pueblo, de acuerdo con el espíritu de revelación y profecía; y estuve en esta tierra, y no quisieron recibirme, sino que me echaron fuera y estaba a punto de volver las espaldas a esta tierra para siempre. Mas he aquí, se me ha mandado que vuelva otra vez y profetice a este pueblo; sí, y que testifique en contra de ellos concerniente a sus iniquidades. Y ahora bien, Amulek, bendito eres tú porque me has alimentado y hospedado; porque tenía hambre, pues había ayunado muchos días.”
Y Alma permaneció muchos días con Amulek, antes de empezar a predicar al pueblo. Y sucedió que el pueblo se envileció aún más en sus iniquidades. Y llegó la palabra a Alma, diciendo:
Ve; y también di a mi siervo Amulek que salga y profetice a este pueblo, diciendo:
Arrepentíos, porque así dice el Señor: A menos que os arrepintáis, visitaré a este pueblo en mi ira;
sí, y no desviaré mi furiosa ira.