Las palabras de Alma a su hijo Coriantón

Los errores de Coriantón

Alma 39:1–4

Alma reprende a Coriantón por abandonar a los misioneros y huir con la ramera Isabel.
Hijo mío, tengo algo más que decirte de lo que dije a tu hermano; porque he aquí, ¿no has observado la constancia de tu hermano, su fidelidad y su diligencia al guardar los mandamientos de Dios? He aquí, ¿no te ha dado un buen ejemplo? Porque tú no hiciste tanto caso de mis palabras, entre el pueblo de los zoramitas, como lo hizo tu hermano.
Y esto es lo que tengo en contra de ti: Tú seguiste jactándote de tu fuerza y tu sabiduría. Y esto no es todo, hijo mío. Tú hiciste lo que para mí fue penoso; porque abandonaste el ministerio y te fuiste a la tierra de Sirón, en las fronteras de los lamanitas, tras la ramera Isabel. Sí, ella se conquistó el corazón de muchos; pero no era excusa para ti, hijo mío. Tú debiste haber atendido al ministerio que se te confió.

Alma 39:5–6

La fornicación está entre los pecados más graves.

¿No sabes tú, hijo mío, que estas cosas son una abominación a los ojos del Señor; sí, más abominables que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar al Espíritu Santo? Porque he aquí, si niegas al Espíritu Santo, una vez que haya morado en ti, y sabes que lo niegas, he aquí, es un pecado que es imperdonable; sí, y al que asesina contra la luz y el conocimiento de Dios, no le es fácil obtener perdón; sí, hijo mío, te digo que no le es fácil obtener perdón.

Alma 39:7–8

Alma hace esto por el bien de Coriantón.

Y ahora bien, hijo mío, quisiera Dios que no hubieses sido culpable de tan gran delito. No persistiría en hablar de tus delitos, para atormentar tu alma, si no fuera para tu bien. Mas he aquí, tú no puedes ocultar tus delitos de Dios; y a menos que te arrepientas, se levantarán como testimonio contra ti en el postrer día.

Alma 39:9–11

Alma exhorta a Coriantón a que no se deje llevar por las cosas carnales, vanas e insensatas.

Hijo mío, quisiera que te arrepintieses y abandonases tus pecados, y no te dejases llevar más por las concupiscencias de tus ojos, sino que te refrenaras de todas estas cosas; porque a menos que hagas esto, de ningún modo podrás heredar el reino de Dios. ¡Oh recuerda, y comprométete, y abstente de estas cosas! Y te mando que te comprometas a consultar con tus hermanos mayores en tus empresas; porque he aquí, eres joven, y necesitas ser nutrido por tus hermanos. Y atiende a sus consejos. No te dejes llevar por ninguna cosa vana ni insensata; no permitas que el diablo incite tu corazón otra vez en pos de esas inicuas rameras. He aquí, oh hijo mío, cuán gran iniquidad has traído sobre los zoramitas; porque al observar ellos tu conducta, no quisieron creer en mis palabras.

Alma 39:12–14

El Espíritu ha dicho a Alma que enseñe a sus hijos principios justos.

Y ahora el Espíritu del Señor me dice:

Manda a tus hijos que hagan lo bueno, no sea que desvíen el corazón de muchos hasta la destrucción. Por tanto, hijo mío, te mando, en el temor de Dios, que te abstengas de tus iniquidades; que te vuelvas al Señor con toda tu mente, poder y fuerza; que no induzcas más el corazón de los demás a hacer lo malo, sino más bien, vuelve a ellos, y reconoce tus faltas y la maldad que hayas cometido. No busques las riquezas ni las vanidades de este mundo, porque he aquí, no las puedes llevar contigo.