Pues he aquí, os digo que muchas cosas han de venir; y he aquí, hay una que es más importante que todas las otras, pues he aquí, no está muy lejos el día en que el Redentor viva y venga entre su pueblo.
He aquí, no digo que vendrá entre nosotros mientras esté morando en su cuerpo terrenal; pues he aquí, el Espíritu no me ha dicho que tal sería el caso. Ahora bien, con respecto a ello, no sé; pero esto sí sé: que el Señor Dios tiene poder para hacer todas las cosas que van de conformidad con su palabra.
Mas he aquí, el Espíritu me ha dicho esto:
Proclama a este pueblo, diciendo:
Arrepentíos y preparad la vía del Señor,
y andad por sus sendas, que son rectas;porque he aquí,
el reino de los cielos está cerca,
y el Hijo de Dios viene sobre la faz de la tierra.
Y he aquí, nacerá de María, en Jerusalén, que es la tierra de nuestros antepasados, y siendo ella virgen, un vaso precioso y escogido, a quien se hará sombra y concebirá por el poder del Espíritu Santo, dará a luz un hijo, sí, aun el Hijo de Dios.
Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo.
Y tomará sobre sí la muerte,
para soltar las ligaduras de la muerte que sujetan a su pueblo;
y sus debilidades tomará él sobre sí,
para que sus entrañas sean llenas de misericordia,
según la carne,
a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo,
de acuerdo con las debilidades de ellos.
Ahora bien, el Espíritu sabe todas las cosas; sin embargo, el Hijo de Dios padece según la carne, a fin de tomar sobre sí los pecados de su pueblo, para borrar sus transgresiones según el poder de su liberación; y he aquí, este es el testimonio que hay en mí.