Y sucedió que la maldición no fue quitada a Korihor; sino que lo echaron fuera, y andaba de casa en casa, mendigando sus alimentos.
Y la noticia de lo que le había sucedido a Korihor fue publicada inmediatamente por todo el país; sí, el juez superior envió la proclamación a todo el pueblo de la tierra, declarando a los que habían creído en las palabras de Korihor que debían arrepentirse sin demora, no fuese que les sobrevinieran los mismos castigos. Y aconteció que todos se convencieron de la iniquidad de Korihor; por tanto, todos se convirtieron de nuevo al Señor; y esto dio fin a la iniquidad que Korihor promulgó.
Y Korihor iba de casa en casa, mendigando pan para su sostén. Y aconteció que mientras iba entre el pueblo, sí, entre unos que se habían separado de los nefitas y habían tomado el nombre de zoramitas, por ser guiados por un hombre llamado Zoram, y mientras iba entre ellos, he aquí, lo atropellaron y lo pisotearon hasta que murió.
Y así vemos el fin de aquel que pervierte las vías del Señor; y así vemos que el diablo no amparará a sus hijos en el postrer día, sino que los arrastra aceleradamente al infierno.