El sermón de Alma a la Iglesia en Zarahemla

Introducción y Recordatorios

Alma 5:2

Alma comienza a hablar.

Y estas son las palabras que, según su propio registro, habló al pueblo de la iglesia que se hallaba establecida en la ciudad de Zarahemla, diciendo:

Alma 5:3–5

Alma resume su herencia y la de su pueblo.

Yo, Alma, habiendo sido consagrado por mi padre Alma para ser sumo sacerdote sobre la iglesia de Dios, ya que él tenía el poder y la autoridad de Dios para hacer estas cosas, he aquí, os digo que él empezó a establecer una iglesia en la tierra que se hallaba en las fronteras de Nefi; sí, la tierra que era llamada la tierra de Mormón; sí, y bautizó a sus hermanos en las aguas de Mormón. Y he aquí, os digo que fueron librados de las manos del pueblo del rey Noé por la misericordia y el poder de Dios. Y después de esto, he aquí, fueron reducidos a la servidumbre por la mano de los lamanitas en el desierto; sí, os digo que se hallaban en el cautiverio, y nuevamente el Señor los libró de la servidumbre por el poder de su palabra; y se nos trajo a esta tierra, y aquí empezamos a establecer la iglesia de Dios por toda esta tierra también.

Alma 5:6

¿Han recordado la gente de Zarahemla su herencia?

Y ahora, he aquí os digo, hermanos míos, vosotros los que pertenecéis a esta iglesia, ¿habéis retenido suficientemente en la memoria el cautiverio de vuestros padres? Sí, ¿y habéis retenido suficientemente en la memoria la misericordia y longanimidad de Dios para con ellos? Y además, ¿habéis retenido suficientemente en la memoria que él ha rescatado sus almas del infierno?

Alma 5:7

El Señor había cambiado los corazones de los antepasados de la audiencia; estaban atados por las cadenas del infierno.

He aquí, él cambió sus corazones; sí, los despertó de un profundo sueño, y despertaron en cuanto a Dios. He aquí, se hallaban en medio de la obscuridad; no obstante, la luz de la sempiterna palabra iluminó sus almas; sí, los tenían ceñidos las ligaduras de la muerte y las cadenas del infierno, y los esperaba una eterna destrucción.

Alma 5:8

Pero no fueron destruidos.

Y os pregunto ahora, hermanos míos: ¿Fueron destruidos? He aquí, os digo que no; no lo fueron.

Alma 5:9

Las cadenas del infierno se rompen, y sus almas son liberadas.

Y os pregunto también: ¿Fueron quebrantadas las ligaduras de la muerte, y desatadas las cadenas del infierno que los tenían atados? Os digo que sí; fueron desatadas, y sus almas se ensancharon, y cantaron del amor que redime. Y os digo que son salvos.

Alma 5:10

¿Cómo fueron salvados?

Y os pregunto ahora: ¿Según qué condiciones son salvos? Sí, ¿en qué se fundaban para esperar la salvación? ¿Por qué motivo fueron librados de las ligaduras de la muerte, sí, y de las cadenas del infierno también?

Alma 5:11–13

La respuesta se encuentra en las palabras de Abinadí, como enseñó al padre de Alma.

He aquí, os lo puedo decir. ¿No creyó mi padre Alma en las palabras que se declararon por boca de Abinadí? ¿Y no fue él un santo profeta? ¿No habló las palabras de Dios, y las creyó mi padre Alma? Y según su fe, se realizó un potente cambio en su corazón. He aquí, os digo que todo esto es verdad. Y he aquí, él predicó la palabra a vuestros padres, y en sus corazones también se efectuó un potente cambio; y se humillaron, y pusieron su confianza en el Dios verdadero y viviente. Y he aquí, fueron fieles hasta el fin; por tanto, fueron salvos.