La época de la guerra de Zarahemla

Retiro Amlicita y Fortalecimiento nefita

Alma 46:28–29

Amalickíah, al ver el apoyo que recibe Moroni y preocupado de que sus propios seguidores duden de su causa, lleva a aquellos que le seguirán a la Tierra de Nefi, donde planea unirse a los Lamanitas.

Y aconteció que cuando Moroni hubo dicho estas palabras, fue, y también envió a todas las partes del país en donde había disensiones, y reunió a todos los que estaban deseosos de conservar su libertad, con objeto de oponerse a Amalickíah y a los que se habían separado, que se llamaban amalickiahitas.

Y ocurrió que cuando Amalickíah vio que los del pueblo de Moroni eran más numerosos que los amalickiahitas, y también vio que su gente estaba dudando de la justicia de la causa que habían emprendido, temiendo, por tanto, no lograr su objeto, tomó a los de su pueblo que quisieron ir y partió para la tierra de Nefi.

Alma 46:30–32

Moroni, no deseando que los lamanitas obtuvieran más poder, lidera a sus tropas en un intento de emboscar a los amalickitas.

Pero a Moroni no le pareció conveniente que los lamanitas fuesen fortalecidos más; por consiguiente, pensó atajar a los del pueblo de Amalickíah, o tomarlos y hacerlos volver, y ejecutar a Amalickíah; sí, porque sabía que este provocaría a los lamanitas a la ira contra ellos, y los incitaría a que salieran a combatirlos; y sabía que Amalickíah lo haría para lograr sus propósitos. Por tanto, Moroni juzgó prudente tomar sus ejércitos, que se habían reunido y armado, y habían hecho pacto de conservar la paz. Y acaeció que tomó su ejército y marchó con sus tiendas para el desierto a fin de detener el paso de Amalickíah en el desierto. Y aconteció que obró de acuerdo con lo que había dispuesto; y se dirigió al desierto y atajó las fuerzas de Amalickíah.

Alma 46:33–34

Las fuerzas de Moroni se encuentran con las de Amalickíah—Amalickíah logra escapar con unos pocos seguidores, pero el resto son llevados de vuelta a La ciudad de Zarahemla.

Y sucedió que huyó Amalickíah con un pequeño número de sus hombres, y los demás fueron entregados en manos de Moroni y llevados a la tierra de Zarahemla. Ahora bien, Moroni, habiendo sido nombrado por los jueces superiores y la voz del pueblo, tenía, por consiguiente, poder, de acuerdo con su voluntad, entre los ejércitos de los nefitas, para establecer y ejercer autoridad sobre ellos.

Alma 46:35

Los amalickiahitas que se niegan a apoyar a Moroni y su causa por la libertad son condenados a muerte.

Y aconteció que a todo amalickiahita que se negaba a hacer pacto de sostener la causa de la libertad, a fin de preservar un gobierno libre, él hizo que tal fuese ejecutado; y muy pocos hubo que rechazaron el pacto de libertad.

Alma 46:36–37

Continuando su campaña por la libertad, Moroni hace que el Título de Libertad se enarbole en cada torre en el territorio de los Nefitas, y los Nefitas luego disfrutan de cierta paz.

Y sucedió, también, que hizo que se enarbolara el estandarte de la libertad sobre todas las torres que se hallaban en toda la tierra que poseían los nefitas; y así, Moroni plantó el estandarte de la libertad entre los nefitas. Y de nuevo empezaron a tener paz en el país, y así preservaron la paz en la tierra hasta cerca del fin del año decimonoveno del gobierno de los jueces.

Alma 46:38-39

Cuatro años de paz son disfrutados mientras Helamán y el clero mantienen el orden en la iglesia, enseñando continuamente acerca de Jesucristo.

Y Helamán y los sumos sacerdotes también mantuvieron el orden en la iglesia; sí, por el espacio de cuatro años tuvieron mucha paz y gozo en la iglesia. Y acaeció que hubo muchos que murieron, creyendo firmemente que el Señor Jesucristo había redimido sus almas; por lo que salieron del mundo con regocijo.

Alma 46:40-41

Durante este tiempo de paz, aunque algunas personas mueren por enfermedades, la atención médica generalmente tiene éxito debido a la abundancia de remedios herbales.

Y hubo algunos que murieron de fiebres, que en ciertas épocas del año eran muy frecuentes en el país —pero no murieron tantos de las fiebres, por razón de las excelentes cualidades de las muchas plantas y raíces que Dios había preparado para destruir la causa de aquellas enfermedades, a las cuales la gente estaba sujeta por la naturaleza del clima— pero hubo muchos que murieron de vejez; y los que murieron en la fe de Cristo son felices en él, como debemos suponer.