Mas he aquí, hay quienes se regocijan en vuestras aflicciones; sí, al grado de que se han sublevado contra mí, y también los de mi pueblo que son hombres libres; sí, y los que se han sublevado son sumamente numerosos.
Y son esos que han tratado de arrebatarme el asiento judicial los que han sido los causantes de esta gran iniquidad; porque se han valido de muchas lisonjas y han desviado el corazón de mucha gente, lo cual será la causa de grave aflicción entre nosotros; ellos han detenido nuestras provisiones, y han intimidado a nuestros hombres libres de modo que no han ido a vosotros.
Y he aquí, me han hecho retroceder ante ellos, y he huido a la tierra de Gedeón con cuantos hombres me ha sido posible reunir.
Y he aquí, he enviado una proclamación por toda esta parte de la tierra; y he aquí, se nos están uniendo diariamente a tomar las armas en defensa de su país y su libertad, y para vengar nuestros agravios. Y han venido a nosotros, a tal grado que aquellos que se han alzado en rebeldía contra nosotros son desafiados; sí, al punto de que nos temen, y no se atreven a salir a la batalla contra nosotros.
Se han apoderado de la tierra, o sea, de la ciudad de Zarahemla; se han nombrado un rey, y este ha escrito al rey de los lamanitas, y ha concertado una alianza con él; y en esta alianza ha convenido en retener la ciudad de Zarahemla, retención que él supone hará posible que los lamanitas conquisten el resto de la tierra, y él sería nombrado rey de este pueblo, cuando los lamanitas lo hayan conquistado.
Ahora bien, me has censurado en tu epístola, pero no importa; no estoy enojado, antes bien, me regocijo en la grandeza de tu corazón. Yo, Pahorán, no ambiciono el poder, sino únicamente retener mi asiento judicial, a fin de conservar los derechos y la libertad de mi pueblo. Mi alma permanece firme en esa libertad en la que Dios nos ha hecho libres.
Y he aquí, resistiremos la iniquidad aun hasta el derramamiento de sangre. Nosotros no verteríamos la sangre de los lamanitas si permaneciesen en su propia tierra. No verteríamos la sangre de nuestros hermanos, si no se alzaran en rebeldía y tomaran la espada contra nosotros.
He aquí, les he enviado algunas provisiones para que no perezcan hasta que puedas venir a mí. Reúne cuantas fuerzas puedas en el curso de tu marcha hacia acá, y marcharemos rápidamente contra esos disidentes, con la fuerza de nuestro Dios según la fe que hay en nosotros. Y nos apoderaremos de la ciudad de Zarahemla a fin de obtener más víveres para enviar a Lehi y a Teáncum; sí, marcharemos contra ellos con la fuerza del Señor, y daremos fin a esta gran iniquidad.
Por lo tanto, ven a mí rápidamente con unos pocos de tus hombres, y deja el resto al mando de Lehi y de Teáncum; dales facultad para conducir la guerra en esa parte de la tierra, según el Espíritu de Dios, que también es el espíritu de libertad que está en ellos.
Y aconteció que Moroni y Pahorán descendieron con sus ejércitos hasta la tierra de Zarahemla, y marcharon contra la ciudad, y se enfrentaron con los hombres de Pacus, de modo que salieron a la batalla. Y he aquí que Pacus fue muerto y sus hombres fueron tomados prisioneros; y Pahorán fue restablecido en su asiento judicial. Y a los hombres de Pacus se les hizo su juicio, según la ley, y también a esos realistas que habían sido tomados y encarcelados; y los ejecutaron según la ley; sí, todos esos hombres de Pacus y esos realistas, que más bien que tomar las armas en defensa de su país querían luchar contra él, fueron ejecutados. Y así se hizo preciso que se observara estrictamente esta ley para la seguridad de su patria; sí, y a cualquiera que hallaban negando su libertad, le ejecutaban sin dilación, de acuerdo con la ley.
Y así concluyó el año treinta del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi; y Moroni y Pahorán habían restaurado la paz a la tierra de Zarahemla, entre su propio pueblo, habiendo impuesto la muerte a todos los que no eran fieles a la causa de la libertad.
Y aconteció que a principios del año treinta y uno del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi, Moroni inmediatamente hizo que se mandasen provisiones a Helamán, y que también se enviara un ejército de seis mil hombres para ayudarle a preservar aquella parte de la tierra. Y también hizo que se mandara un ejército de seis mil hombres, con cantidad suficiente de víveres, a los ejércitos de Lehi y de Teáncum. Y aconteció que se hizo esto con objeto de fortificar el país contra los lamanitas.