Pero he aquí, me parece que te hablo de estas cosas en vano; o me parece que eres un hijo del infierno; concluiré, pues, mi epístola, diciéndote que no canjearé prisioneros, sino con la condición de que entreguéis un hombre y su esposa y sus hijos por cada prisionero; si tal fuere el caso, haré el canje.