Y aconteció, al principio del año decimonoveno del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi, que Helamán salió entre el pueblo para declararle la palabra. Pues he aquí, a causa de sus guerras con los lamanitas, y las muchas pequeñas disensiones y disturbios que había habido entre los del pueblo, se hizo necesario que se declarase entre ellos la palabra de Dios; sí, y que se estableciera una reglamentación en toda la iglesia.
Por tanto, Helamán y sus hermanos salieron para establecer la iglesia de nuevo en toda la tierra, sí, en toda ciudad por toda la tierra que poseía el pueblo de Nefi. Y acaeció que nombraron sacerdotes y maestros por toda la tierra, en todas las iglesias.
Y sucedió que después que Helamán y sus hermanos hubieron nombrado sacerdotes y maestros en las iglesias, surgió una disensión entre ellos, y no quisieron hacer caso de las palabras de Helamán y sus hermanos; sino que se volvieron orgullosos, envaneciéndose su corazón por motivo de sus enormes riquezas; por tanto, se hicieron ricos a sus propios ojos, y no quisieron hacer caso de las palabras de ellos, para andar rectamente ante Dios.