Y sucedió que pararon y se retiraron a un paso de ellos. Y Moroni dijo a Zerahemna: [quote]4becc781ae5b9
Y acaeció que cuando Zerahemna hubo oído estas palabras, se adelantó y entregó su espada y su cimitarra y su arco en manos de Moroni, y le dijo: He aquí nuestras armas de guerra; te las entregaremos, mas no nos permitiremos haceros un juramento que sabemos que quebrantaremos, y también nuestros hijos; mas toma nuestras armas de guerra, y déjanos salir para el desierto; de otro modo, retendremos nuestras espadas, y venceremos o moriremos. He aquí, no somos de vuestra fe; no creemos que sea Dios el que nos ha entregado en vuestras manos; sino que creemos que es vuestra astucia lo que os ha preservado de nuestras espadas. He aquí, son vuestros petos y vuestros escudos lo que os ha preservado.
Y cuando Zerahemna hubo acabado de hablar estas palabras, Moroni le devolvió la espada y las armas de guerra que había recibido, diciendo:
He aquí, terminaremos la lucha. Porque no puedo retractarme de las palabras que he hablado; por tanto, así como vive el Señor, no os iréis, a menos que os vayáis con un juramento de que no volveréis a la lucha contra nosotros. Y ya que estáis en nuestras manos, derramaremos vuestra sangre en el suelo, u os someteréis a las condiciones que os he propuesto.
Y cuando Moroni hubo dicho estas palabras, Zerahemna recogió su espada, y se enojó con Moroni, y se lanzó hacia él para matarlo; mas al levantar su espada, he aquí, uno de los soldados de Moroni le asestó un golpe que la echó por tierra y le quebró la empuñadura; y también hirió a Zerahemna, de modo que le cortó el cuero cabelludo, el cual cayó al suelo. Y Zerahemna se retiró de ellos entre sus soldados.
Y sucedió que el soldado que se hallaba cerca, el mismo que había herido a Zerahemna, tomó del cabello la piel que había caído al suelo, y la colocó en la punta de su espada, y la extendió hacia ellos, diciendo en voz alta:
Así como ha caído al suelo este cuero cabelludo, que es el de vuestro caudillo, así caeréis vosotros a tierra, si no entregáis vuestras armas de guerra y salís con un convenio de paz.
Y hubo muchos que, al oír estas palabras y al ver el cuero cabelludo sobre la espada, fueron heridos de temor; y muchos avanzaron y echaron sus armas de guerra a los pies de Moroni, e hicieron un pacto de paz. Y a cuantos hicieron pacto se les permitió salir para el desierto.
Ahora bien, aconteció que Zerahemna estaba enfurecido, e incitó al resto de sus soldados a la ira, para que lucharan con mayor fuerza contra los nefitas. Y Moroni estaba irritado por la terquedad de los lamanitas; por tanto, mandó a su gente que cayera encima de ellos y los exterminara. Y acaeció que empezaron a matarlos; sí, y los lamanitas combatieron con sus espadas y con su fuerza. Mas he aquí, su piel desnuda y sus cabezas descubiertas estaban expuestas a las afiladas espadas de los nefitas. Sí, he aquí, fueron acribillados y heridos; sí, y cayeron con suma rapidez ante las espadas de los nefitas y empezaron a ser derribados, tal como lo había profetizado el soldado de Moroni.
Entonces Zerahemna, al ver que todos estaban a punto de ser destruidos, clamó fuertemente a Moroni, prometiéndole que él y su pueblo harían un pacto con ellos de que nunca más volverían a la guerra contra ellos, si les perdonaban la vida a los que quedaban. Y aconteció que Moroni hizo que cesara otra vez la matanza entre el pueblo. Y recogió las armas de guerra de los lamanitas; y después que hubieron hecho un pacto de paz con él, se les permitió salir para el desierto.
Y no se contó el número de sus muertos a causa de ser tan inmenso; sí, el número de sus muertos fue grande en extremo, así entre los nefitas como entre los lamanitas. Y aconteció que echaron sus muertos en las aguas de Sidón, y han sido llevados y han quedado sepultados en las profundidades del mar. Y los ejércitos de los nefitas, o sea, de Moroni, se volvieron y llegaron a sus hogares y a sus tierras. Y así terminó el año decimoctavo del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi. Y así concluyeron los anales de Alma que fueron escritos sobre las planchas de Nefi.
Y he aquí, aconteció que el pueblo de Nefi se regocijó en extremo porque el Señor de nuevo lo había librado de las manos de sus enemigos; por tanto, le dieron gracias al Señor su Dios; sí, y ayunaron y oraron mucho, y adoraron a Dios con un gozo inmensamente grande.